1. Charlar con tus padres toda una tarde ya no te parece aburrido

Cuando maduras, comienzas a valorar más a tus padres y te vas dando cuenta de que ellos no estarán ahí para siempre.

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2. Programas tus citas al médico y al dentista

No necesitas que nadie te recuerde que ya debes hacerte tu chequeo de salud o revisar esa muela que te está dando problemas. Si tú no te preocupas por tu bienestar físico, ¿quién lo hará?

3. Tienes menos amigos, pero verdaderos

Comienzas a valorar más la auténtica amistad y te das cuenta de quiénes son tus amigos reales y quiénes sólo son compañías de fin de semana.

4. Te gusta acostarte temprano

Se terminaron esas desveladas de fiesta o de simple ocio en tu casa. Ahora valoras más tus horas de sueño porque te gusta estar fresca y alerta la mañana siguiente.

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5. Ya no te preocupa lo que los demás piensen de ti

Eres auténtica y no dejas que las opiniones ajenas sobre ti te afecten de ninguna manera.

6. Ahorras

Comienzas a ser previsora y a pensar en tu futuro. Ya no gastas el dinero en superficialidades, porque ahora dependes de ti misma y sabes que el dinero no cae de los árboles.

7. Prefieres hacer una fiesta en casa que ir a un club

Irte de bar y seguirla en casa de algún amigo hasta altas horas de la madrugada ya no es lo tuyo. Prefieres una reunión sencilla con buenos amigos en el calor de tu hogar.

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8. Te comienza a interesar la decoración

Ya no eres la desordenada de antes. Te gusta tener tu habitación o tu departamento bien ordenado y te late decorarlo con arreglos que vayan con tu personalidad.

9. Comienzas a cocinar

Ya no está mami para que te prepare la comida. Ahora tú eres quien cocina y te encanta.

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10. Crees que el físico es lo de menos, lo importante es la personalidad

Ya no eres la chica superficial que se fijaba en los chicos guapos y bobos del salón. Ahora buscas que un hombre sea carismático, inteligente y que sepa hacerte reír.



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