A manera personal he de decir que los niños no son mi fuerte, en realidad pensaba que no los toleraba, que me causaban cierta urticaria, ok no tanto pero si me provocaban cierto estrés incontrolable, hasta que mi hermana decidió que era momento de traer una personita a este mundo, de manera inexplicable, mi perspectiva cambió.

Te explico las 10 formas en las que este pequeño cúmulo de irreverencias y ese diminuto ser inundó mi vida de ternura.

1.-  Sin ser tus hijos son parte de ti, algo así como una extensión de tu cuerpo.

2.- Sin saber porque ellos te quieren y tu derramas amor por ellos.

Cuando estas criaturitas llegan a tu vida, te das cuenta de que alguien puede sentir interminable amor aunque no sepa tu nombre.

3.- Te das cuenta de que puedes proyectarte en ellos.

Sin importar tu edad, te conviertes en niño de nuevo y es por ellos, no importa que edad tengas, siempre debes contestar la llamada que te busca desde el control remoto de la televisión.

4.- No hay nada mejor que verlos crecer, descubrir el mundo.

Cuando te preguntan cosas que para ti son obvias, vuelves a darle sentido a la vida, vuelves a sorprenderte por cosas que antes eran cotidianas.

5.- No hay nada más tierno que escuchar la palabra tía de su chillante vocecilla.

Simplemente escucharlos intentar hablar te derrite por completo.

6.- La fe en la humanidad te regresa y estás segura que serán unos adultos increíbles.

7.-  Ellos te muestran la maternidad desde todos los ángulos, algunos quizá ni los habías considerado.

Y lo mejor es que no son tus hijos, puedes devolverlos a la madre cuando logren agotarte.

8.- Son el regalo más bello que tu hermano o hermana pudieron hacerte.

9.- Sientes la responsabilidad de arriesgar tu vida por ellos pero tienes carta abierta para malcriarlos y consentirlos todo lo que quieras.

Tengo un lema, la tía siempre compra las golosinas la mamá las medicinas.

10.- Sin darte cuenta esa personita se vuelve tu fan y tú el de ella.

En definitiva el amor de una tía no se compara como el de una madre, pero te apuesto que llorarás en el primer recital de tu pequeño hijo no propio.

No hay nada más emocionante que verlos crecer, que te tomen de la mano y que digan que cuando crezcan serán como tú.

 

 



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