Jugaste con muchas, pero una bastará para regresarte una a una

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Pensaste que seguías burlándote de corazones inocentes. Pensaste que podrías seguir aumentando tu ego y vanidad pisoteando amores por doquier, sin importarte el daño que harías en cada corazón que enamoraste para al final abandonar provocando dolores y marcas que tardarían en sanar. Nunca pensaste que el amor llegaría a tu vida y que te haría recordar todo lo que hiciste a todas con las que jugaste; pensaste que llevabas la delantera y que nunca pasarías por lo que hiciste pasar a todas ellas.

El amor es un sentimiento del que nadie puede escapar, en cualquier momento cupido puede flechar, no mira a quien y solo lo hace. Llegó tu turno y no te la esperaste, pero cuando menos pudiste darte cuenta tu corazón ya palpitaba por alguien más. Todos comenzó como un juego, con las mismas estrategias con las que habéis conseguido ganas trofeos de corazones que dejaste atrás; estabas demasiado cegado por la vanidad de tu corazón que no pudiste darte cuanta cuando ella entro. Pensaste que era una presa más, pero sin darte cuenta te convertiste en la víctima y dejaste de ser el cazador. Ella no lo sabía, no sabía todo lo que habíais hecho antes de que apareciera en tu vida, pues no sabía que en los adías anteriores habías lastimado muchos corazones, que te habías divertido cazando presas, devorándolas y dejándoles marcas de por vida, sin que ellas pudieran escapar.

Ella llegó y te hizo sentir sentimientos que nunca nadie más había logrado; logró meterse en tu mente durante el día y la noche sin que pudieras comprender que se había metido también en tu corazón y había robado un poco de tu alma. Comenzaste a pesar en la posibilidad de seguir adelante y no apartarte de ella, pues había algo que hacía que no pudieras lastimarla y algo que decía que no podías decirle adiós; era amor. Ella comenzó el mismo juego que tú habías jugado tantas veces, pero en esta ocasión ella había comenzado la partida, sabía sus movimientos y no podías imaginarlos, porque el amor no te dejaba ver más allá de sus ojos, de esas características que te volvían loco al estar cerca de ella.

Ella, no sentía lo mismo que tú sentías por ella. Siguió a tu lado a pesar de que no había amor dentro y a pesar de que sabía que podía lastimarte, pero no le importó y siguió adelante. No pensaba en ti y un día, sin avisarte te dijo adiós. El día en que ella se fue sentiste todo el dolor que habías hecho sentir a cada una de las personas que habías lastimado sin importarte sus sentimientos y las heridas que ellas dejarías. En esos momentos, cuando el dolor te tumbaba y hacía que el llanto no cesará, recordaste el daño que habías hecho en el pasado, ese dolor que habías provocado en todas ellas y que una sola mujer te había hecho sentir sin darte cuenta. No había escapatoria para ti y lo único que tuviste que hacer fue soportarlas heridas y tener que pagar todo lo que debías.