De nada me sirve decir que soy madre, si no sé como serlo 

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El tener un hijo no solo significa que nos convierte en madre, o que solo nos ha dado una nueva experiencia que podamos contar. El convertirnos en mamá es un nuevo reto en nuestra vida, un reto que no es nada sencillo, pues junto al título de madre se vienen mucha pruebas que tendremos que pasar para ofrecerle lo mejor a esa criatura que estuvo dentro de mí por tanto tiempo. El ser mamá no solo significa tener que pasar por miles de dolores, sangrados y cuidados extremos para que nuestros hijos nazcan con salud; no significan absolutamente nada todos los síntomas que tenemos que pasar durante el embarazo cuando se comparar con lo que se viene e después de que hemos tenido a nuestro pequeño en brazos.

El tener en nuestros brazos la dicha de cargar a nuestro hijo no nos hace madres, nos hace madre el tener que estar ahí siempre para él, siempre que nos necesite y quiera confiar en nosotros. Nuestra vida de mamá comienza desde la primera noche, cuando a pesar de que no hemos dormido tendremos que levantarnos cada vez que se encuentra llorando, tener que sacrificar tiempo para nosotras para poder estar al pendiente del nuevo integrante de nuestra familia. Lo más sencillo es soportar el crecimiento e nuestro abdomen, sentir las patadas y movimiento de los pequeños mientras aún están dentro de nuestro vientre, eso es lo más sencillo en la vida de una madre.

Cuando los hijos comienzan a crecer, nuestra responsabilidad crece aún más, porque con el paso del tiempo nos vamos convirtiendo en su ejemplo, en esa persona que estará a su lado en todo momento y que no importa el tiempo que se tenga que invertir eneros, tenemos que estar a su lado para demostrarles que no están solo y con el transcurso de los días poder ganarnos su confianza y que en algún momento sepan que pueden confían solo en nosotras. Ser mamá significa aprender a educar de la mejor manera a ese pequeño que representa el futuro, enseñarle buenos hábitos y maneras de dirigirse fuera de casa. Comienza la responsabilidad de tener que ver la construcción de su futuro, darle la mejor educación y estar pendiente de que no le haga nunca falta las cosas básicas como el alimento, la limpieza, el techo, la vestimenta y la educación. Motivarlos día con día para que sigan creciendo de manera correcta, hacer que caminen de manera recta por el camino y que si llegan a caer enseñarle a que no debe quedarse en el duelo, sino levantarse y seguir caminando.

Es sencillo decir que somos madres, pero no es ser una buena de ellas, porque allá afuera podemos ver la realidad de muchas chicas que han tenido la dicha de tener un hijo a su lado, pero que no les importa porque podemos encontrarnos a decenas de niños teniendo que trabajar para ganarse la vida, lavando carros o vendiendo chucherías en las calles. No puede ser posible que existan madres que dejen que sus hijos dejen sus sueños para mantenerlas y que ellas solo estiren la mano mientras su tiempo y su futuro se desmorona. Vemos en la noticas a diario niños que han sido abandonados por los padres o incluso golpeados y abusados físicamente y hasta sexualmente por sus propios padres, y eso no es ser madre… eso no es tenerla.