La vida le tenía muchas sorpresas, pero la mejor fue ella

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No tenía idea de que la vida le tenía una recompensa por todos los fracasos que tuvo que pasar en su vida pasada, por cada una de las caídas que le hicieron perder una fracción de su fuerza. No sabía que en su camino se toparía con ella, la razón del que ahora haya sentido en sus manos la felicidad, ese tiempo en el que puede ver sus derrotar y sonreír frente a ellas. No sabía que la vid ale tenía un par de sorpresas, pero mucho menos, sabía que ella era la mejor.

Un día al despertar, sin darse cuenta, ese sería el mejor día de su vida. Un día cualquiera, con el sol iluminando su ventada, despertando, abriendo sus ojos para encandilarse como todas las mañanas. Bajo un pie de su cama, después el otro. Suspiro y tomo aliento para poder levantarse y tomar el desayuno repetitivo. Por las calles, al caminar colocaba esas pequeñas bocinas en sus oídos, para escuchar canciones melancólicas mientras recorría su camino; en el transcurso escuchaba con cuidado y meditaba en las letras, mientras tanto, su corazón volvía a llorar, deseando no sentir la soledad que en esos momentos le atormentaba. Seguía su camino sin mirar al frente, caminando con tranquilidad como si la vida ya no tuviera nada interesante. No sentía venir detrás de él el mejor día de su vida, donde ella por fin llegaría a secar sus lagrimas y a enseñarle que la vida sigue a pesar de todo.

Llegó a su destino, una pequeña tienda llena de chuchería, cosas anticuadas y llenas de polvo. Él solo quiso entrar sin pensar en lo que pudiera encontrar. Tomo una pequeña brújula que se encontraba en una de las mesas en lugar, con una pequeña etiqueta con el precio de $25. Lo tomó, al parecer llamo su atención; decidió llevarla, así que se acercó a la caja para hacer el intercambio de un billete de veinte pesos y una moneda de cinco. Por primera vez, levanto la vista, cuando una dulce voz preguntó -¿algo más?- No podía creer lo que estaba enfrente de sus ojos, pues hacia mucho tiempo que no veía una mujer tan hermosa como la que en ese momento se encontraba frente a él. No supo que hacer en ese momento, así que solo sonrío y moviendo su cabeza dijo, no.

Salió de la tienda como caminando por las nubes, siguió caminando sin mirar atrás, con una sonrisa en su rostro y su cabeza en alto. Su día y ánimo tuvieron un cambio repentino después del encuentro, y supo que sería un buen día.

Se detuvo a unas cuadras, mientras pensaba en la oportunidad que tenía en sus manos, pensando si seguir caminando o regresar a tomar su número telefónico. No lo pensó más, regreso, abrió la puerta de aquel lugar, se acerca a ella sin titubear y pidió un contacto, una cita, o como quieras llamarle; ella acepto.

Desde ese día hasta el día de hoy siguen viviendo aventuras diferente cada día, enamorándose y alegrando su día, sin pensar en el pasado ni las cosas negativas que vivieron alguna vez.