Seré tu cómplice, siempre y cuando me permitas seguir a tu lado

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Un día me preguntaste lo que sentía por ti, en ese momento pude detener el tiempo aunque deseaba que corriera y pudiera dejar pasar ese momento tan incomodo. Me preguntaste si la sonrisa que emitían mis labios cada vez que te miraba, era porque había algo dentro de mí, un sentimiento hacia ti. No supe que hacer ni que decir, pensé que podría escapar de nuevo de esta pregunta, intentando evadirla, pero al verte tan cerca y no saber que es lo que tenia que hacer para que te alejarás y no sentir tu aliento como un fantasma que intenta sacar mi alma. No lo soporte, comente a sudar y mire hacia mis pies; no quería levantar mi rostro hasta que pasará el momento, hasta que te cansarás y no volvieras a preguntar. Los segundos me parecieron horas y lo único que podía hacer era soltar una risita tonta y nerviosa.

Pensé mil cosas en ese lapso de tiempo; pensé en decirte lo mucho que me gustabas, pero al parecer solo sudaba por dentro, aunque yo sintiera que sudaba por fuera. No observaste nada extraño en mí, me tomaste de las manos y volviste a preguntar. Tuve tiempo al parecer de pensar con mayor claridad y solo conteste un ¡no!

No sé que es lo que me pasa, o si es el miedo lo que no permite decirte la verdad, decirte lo que en verdad siento por ti y arrojarme en tus brazos para por fin colocar mis labios encima de los tuyos. No te diste cuenta y solo sonreíste. Comencé a bromear y volvimos hacer tan amigos como antes.

Al parecer nada había cambiado entre nosotros porque logré ocultar muy bien el infierno que sentía por dentro y el miedo de que descubrieras todo lo que hay en mi corazón hacia a ti. Tengo miedo de que te enteres y te vayas, que nuestra amistad se rompa y la distancia separe nuestros caminos.

Un día, en una platica entre solo amigos, me confesaste que había una chica que te volvía loco, no sabía que era lo que tenía que hacer, como disimular que el dolor se estaba clavando como una fecha con fuego en mi pecho; logré ocultarlo y seguí escuchando, y sintiendo como mi cuerpo se desvanecía con el paso del tiempo, intentando recuperar el sentido sin que te dieras cuenta. Desde ese momento me convertí en tu complice, en esa persona aliada que sabía sobre el sentimiento de tu corazón y todo lo que sentías por aquella niña. No me importó aunque me haya dolido en el alma, porque prefiero ser tu complice que perderte de todas las maneras, dejar que todo se termine y nunca más pueda estar a tu lado de nuevo. Seré tu cómplice, lo prometo, pero permíteme estar siempre a tu lado. Mi corazón seguirá latiendo por ti, pero tú no podrás darte cuenta, porque las cosas que he hecho hasta el momento ha quedado enredadas en nuestra amistad, a pesar de todo el amor que entregue en ella.