Hay dos cosas que te definen, tu paciencia cuando no tienes nada y tu actitud cuando lo tienes todo.

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La vida es un camino con subidas y bajadas, siempre en movimiento, siempre cambiando, todo lo que se vive se hace solo una vez, porque por más que quieras reproducir un momento las cosas nunca vuelven a ser igual, pueden ser peores o mejores, pero nunca idénticas, en nuestro constante tambaleo de nuestra vida hay momentos en los que sufrimos carencias, y otros en los que experimentamos la abundancia, uno sirve para enriquecer el otro sin embargo no siempre es así.

¿Recuerdas cuando nos conocimos?, éramos apenas un par de estudiantes sin nada más que sueños y muchas ganas de hacerlos realidad, veíamos el mundo de una forma maravillosa, sin miedos, con altas expectativas sobre lo que vendría, vivíamos el momento y la verdad es que carecíamos de más cosas que las que teníamos, pero eso nunca nos importó realmente, nos teníamos el uno al otro, y eso enriquecía nuestras vidas más que cualquier otra cosa, sufrimos y pasamos por muchas cosas difíciles, e incluso algunas penosas, pero lo superamos tomados de la mano.

Como era de esperarse en algún momento de nuestra relación decidimos vivir juntos, no había que pensarlo más, no era el mejor momento, pero ya habíamos superado tanto que nada nos asustaba, comenzamos con menos de lo justo, solo con un colchón y algunos trastes, pero confiábamos en que juntos haríamos de nuestra existencia algo mucho mejor, poco a poco las cosas fueron llegando, y dejamos de carecer para comenzar a incluso ahorrar.

Nuestra situación cambio tanto que ahora podíamos darnos el lujo de salir de vacaciones, comprarnos un auto, llenar el guardarropa y algunas otras cosillas más, todo iba viento en popa, las carencias que vivimos eran ahora solo un recuerdo borroso que tenía un tinte de haber sido un mal sueño o de haber sucedido hace demasiado tiempo.

Ambiciosos como nos caracterizábamos queríamos ahora comenzar una familia, teníamos los medios necesarios, y la llegada de un bebe no supondría una amenaza a nuestras finanzas en lo absoluto, de hecho teníamos tiempo planeándolo, pero no fue hasta sentirnos seguros de nuestra estabilidad económica que decidimos dar ese importante paso, recuerdo que yo insistía en seguir trabajando, pero tú me dijiste que no permitirías que nuestro hijo fuera educado por extraños refiriéndote a la guardería que lo cuidaría mientras tu y yo estuviéramos en el trabajo, después de una larga discusión terminé por cederte la razón y una vez que me supe embarazada renuncie y di las gracias en mi trabajo.

Parecía que la suerte nos sonreía porque a ti te mejorar el puesto y ahora ganabas más que antes, nuestro bebé venía con una buena torta bajo el  brazo pensé, pero al dejar de trabajar comencé a notar ciertos cambios en tu comportamiento, adjudique a la presión de las nuevas responsabilidades que exigía tu nuevo puesto de trabajo, después quise pensar que sería por que estabas practicando tu don de mando para con tus empleados y ser convincente, y al final terminé por entender que habías cambiado realmente, incluso conmigo, con la persona que se suponía que más amabas.

No puedo atreverme a pensar que sería mejor que fuéramos pobres como en un principio, pero no puedo dejar de comparar el trato tan diferente que teníamos entonces, era un respeto que se demostraba en todo y que no había necesidad de señalarlo porque era evidente, si no fuera porque quiero lo mejor para nuestro hijo preferiría volver a ese estado en el que éramos realmente un equipo.

Hay dos cosas que te definen como persona: tu paciencia cuando no tienes nada y tu actitud cuando lo tienes todo, en lo primero debo decir que eres todo un ejemplo, en lo segundo me haz decepcionado con creces, solo quiero recordarte que también soy capaz de trabajar y que no necesito que me mantengas, quiero que vuelvas a ser como antes, o tendré que abrirme paso por mí misma, no puedo permitirte darle un mal ejemplo de cómo me tratas a mi hija.

Autor: Sunky