Es verdad que no todo se puede elegir en esta vida y me doy cuenta del desperdicio que fue elegirte a ti.

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Se supone que yo te elegí, que yo decidí poder compartir todo lo que pudiera contigo y creo que siendo así me fallé demasiado, me falle en el sentido de protección porque debí pensar primero en mi corazón, me has dejado con la mitad desecha y la otra ya no esta; se fue contigo. Ya nací en un lugar donde no pude decidir; no me ha ido mal pero tampoco bien, mis amistades no son las mejores pero estoy feliz, sin embargo, ¿Donde quedas tú? Se supone que eras mi elección y resulta que me equivoque, que perdí la razón por un par de ojos bonitos en donde se suponía yo encontraba la verdad del universo… creo que sólo me engañe, que me deje llevar por las cosas que no tenían importancia.

Aunque es muy cómodo echar la culpa destino y pensar que en esta situación me metiste tú, no es justo negarla responsabilidad que me toca por darte todo y ver como te marchabas sin decir nada, ojala fuera cierto eso de pensar que la vida me tenía tendida esta trampa para aprender o para sufrir, para ver que no todo puede ser color rosa, que no todo puede ser como uno quiere o espera pero también creo que parte de madurar es ver que las cosas pasan por nuestra razón, por nuestra propia voluntad y la falta de experiencia, la inocencia de pensar que ahora sí es el indicado. 

Desde antes de nacer ya estábamos predestinados a esto; intento convencerme, intento obligarme a creer que en verdad es así aunque mi cordura me haga desertar en el pensamiento, aunque me avergüence de decirlo porque en verdad me avergüenza hasta pensarlo. No me lo puedo creer sin importar el dolor, no puedo hacerme pensar que esto va más allá de mi capacidad, debo entender que así es como sucede todo, que si pierdo en mi culpa y si gano también es el resultado de mi capacidad. 

No importa si duele, si no es justo, si la única tonta aquí soy yo pues al final de todo, sea destino o sea mi estupidez o mi inteligencia, la responsabilidad de solucionar o de poner cartas en el asunto será sólo mi trabajo, las lágrimas son mías, el corazón roto es mío y el trabajo de recuperar mi vida me toca sólo a mí, no al destino, no a las personas, no a mí familia ni tampoco al que opina.