¿Qué ha sido de ti?

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Me alegra verte nuevamente; llegué a creer que no habría forma de encontrarnos en esta ciudad tan caótica, al menos no pronto y mucho menos por casualidad. Me alegra verte sano, aunque con algunos kilos menos, pero siempre con aquel extraño y divertido sentido del humor tan característico de ti.

Me alegra también que a pesar de los obstáculos, sigas con deseos de cumplir tus sueños, de salir adelante. Sé que no han sido tus mejores meses pero has buscado la forma de alentarte y no darte por vencido tan fácil. Admiro tus ganas, admiro tu coraje y sobre todo, admiro esa sonrisa tan bonita, siempre radiante y dispuesta.

Algo se movió en nosotros, fue difícil no demostrarlo; a veces nuestros ojos dicen más que nuestros labios. Y no sólo los ojos, también las mejillas, también nuestras manos. Después de un rato la conversación de rutina comenzó, actualizando las malas pasadas y todo lo que ha sucedido mientras las ausencias mutuas tomaban lugar en nuestras vidas.

Sentí aquella chispa al, por error, rozar nuestras manos. Supongo que jamás pasará por alto aquel escalofrío cuando nos tenemos cerca. La confianza seguía intacta al igual que la seguridad de decir cualquier mal chiste y esperar una carcajada a cambio.

También me he preguntado por qué acabó, por qué nos dimos por vencidos tan fácil cuando al fin nos teníamos cerca. Tampoco entiendo qué sucedió, en qué momento no había más que hablar y faltaban razones para seguir ahí. He llegado a creer que no fue nuestra culpa, que quizá hubo algo más grande que no nos quería juntos en aquel momento.

Y quizá aquello mismo, más grande que nosotros, nos hizo encontrar en ese lugar y a esa precisa hora. A veces creo en la casualidades pero otras veces me es imposible no creer en el destino, y sea lo que haya sido, eligió el mejor día para ponerte frente a mí. 

Nada se comparará nunca a aquella sensación de mirar tu sonrisa inesperada, después de tantos sueños inconclusos.

Escrito por: Mayeli Tellez