Caía la noche

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Caía la noche y pensaba en sus ojos, pensaba en su voz y en aquella sutileza al tomarme la mano. Quiero recordar sus besos, quiero recordar el momento exacto en que me di cuenta de que no era tan idiota como creía y que, irreparablemente, no podría volver a verlo como un tipo cualquiera, de esos acostumbrados a una vida fácil.

Caía la noche y exhalaba las dudas, y pensaba en los posibles escenarios que me permitirían robarle sonrisas para que deseara perderse en mis ojos, para que me extrañara incluso antes de marcharme y para que se atreviera a contarme sus miedos; pero pasó fugaz e inadvertido, y duró mucho menos que un parpadeo, ya que apenas pude entrelazar mis dedos con los suyos en contadas ocasiones antes de ver cómo se esfumaba con el aire.

Caía la noche y jamás entenderé por qué no quiso aventurarse en mis cielos, por qué no quiso embriagarse con mi perfume y no terminó de explicarme cuánto me quería, quizá ni él mismo lo sabía y por eso tomó su mano mientras su mirada ebria se despedía. Y lo vi caminar sin mirar atrás, sin titubear y sin decir una palabra.

Caía la noche y me alegré por no confiar del todo, por no derribarme a sus brazos inquietos y a sus labios llenos de mentiras. Me alegré por no regalar mis suspiros a ideas vacías que no tenían fundamento en aquella cabecita. Y lloré… no por tener el corazón roto, sino por haber considerado el hecho de regalarle mis risas, por haber creído que quizá me procuraba de verdad y que deseaba conocerme más allá de un par de caricias.

Caía la noche y retomé la cordura, que todo aquello jamás tendría que haber sido mi culpa. Yo no lancé el primer te quiero y mucho menos pretendí ocultar nada, yo no mencioné el querer algo en serio para después dejar una duda ahogada.

Terminó de caer la noche y decidí no dar más importancia a aquello; al fin y al cabo, lo que realmente vale la pena permanece a tu lado, y lo demás, sin pedirlo se va.

Escrito por: Mayeli Tellez