La mala costumbre de confundir con amor, aquello que solo es carnal…

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Todas las noches llegaba a casa como un ladrón, me tomaba en sus brazos y me hacía suya.

Me besaba desde los cabellos hasta la punta de los pies, haciéndome sentir así que le pertenecía de cierto modo.

Ninguno tenía nada aparte de lo “nuestro” pero aun así de sobra sabíamos que eso solo sería pasajero.

Yo ahogaba con él mi soledad y él satisfacía sus ganas. Ambos nos necesitábamos, ambos estábamos tan jodidamente rotos que, de cierto modo nos complementábamos y reparábamos.

Ambos éramos libres pero aun así en ocasiones pasábamos más tiempos en el nido que gozando de nuestra libertad, aun así lográbamos erizarnos la piel y se supone que esta le pertenece a quien la eriza, así que, si, él me pertenecía y yo a él, tal vez no por mucho tiempo, pero éramos el uno del otro.

Me acurrucaba en su pecho y su corazón latía como si enserio sintiera algo pero no, eso era una gran estupidez, de antemano yo le había dicho que no creía en el amor y que esto solo sería casual así que, ¿quién toma enserio a una chica que a la primera cita decide entregarse? Igual ya nada importaba, igual no esperaba que se enamorara, igual tampoco quería enamorarme pero igual comenzaba a sentir algo…

Si, sentía algo cuando sus manos recorrían mi piel, cuando inesperadamente llegaba a casa y me tomaba en sus brazos, cuando me besaba con loca pasión y al caer la noche se acurrucaba entre mis brazos después de hacerme el amor.

Pasábamos tanto tiempo juntos que era imposible no sentir nada, era mi amante pero no porque él estuviese en una relación sino porque ambos nos entregábamos con loca pasión, nos fundíamos en un mismo y juro que me olvidaba de todo el universo.

Terminó convirtiéndose en mi mejor amigo, mi compañero y mi confidente. Y aunque ambos reíamos y parecíamos ser felices, tal vez de los dos, yo era la única que comenzaba a sentir. Cuando más lograba acercarme, me apartaba de una manera cobarde, de una manera que terminaba lastimándome y cuando me decía ¡ya no más! De alguna u otra forma me hacía volver a sus brazos, caer en sus encantos y el juego comenzaba otra vez…

Quizás si era amor o tal vez sólo insistía en ir de error en error, confundir con amor aquello que solo es carnal, aun así él tenía en mi un cierto imán, porque por más que quisiera huir permanecía allí, en su mismo lugar.

Autor: Stepha Salcas  (Diario De Una Bipolar)

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