Al final del día todo lo que tenemos es lo que realmente somos.

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Es complicado no caer en el juego de los demás, la verdad es que todo el tiempo estamos tratando de influir en los demás y ellos en nosotros, esto no es algo que hacemos necesariamente de manera premeditada, pero a final de cuentas todos los hacemos, es por eso que dicen que “el que con lobos anda, a aullar se enseña”, todos queremos que “nos tomen en cuenta” y que le den valor a nuestras opiniones, eso no nos convierte en malas personas, pero muchas veces nos impide conocer a los demás, porque los influenciamos rápidamente sin darles oportunidad de mostrarse tal cual son.

La verdad es que a nadie nos gusta sentirnos ignorados, y todos tendemos a tratar de acceder ante algunas cosas que nos pidan con tal de encajar, caemos muchas veces en esas platicas banales sobre las marcas de los pantalones o del labial, y cuando vamos de compras tenemos presente que si compramos esa marca que les gusta a los demás “Nos verán bien” por ese simple hecho, así que nuestra toma de decisiones se restringe a aquellos objetos que están “aprobados” por nuestros círculos sociales, ya no buscamos el pantalón que mejor nos quede, si no el que menos nos desagrade de aquella marca.

Lo malo de esto es que muchas veces a pesar de tener todas esas cosas, todos esos objetos con los que sueñan los demás no podemos evitar tener esa sensación de vacío al final del día, hay algo que nos molesta, algo que sentimos que nos hace falta, y eso es precisamente nuestra verdadera personalidad, no nos damos cuenta de que somos los muñecos de alguien más y que ellos nos mueven halando de nuestras cuerdas de manera sutil, tanto que muchas veces en realidad creemos que somos nosotros los que hemos tomado esas decisiones, cuando en realidad fueron inducidas por un tercero.

Creo que es momento de reflexionar y darnos cuenta cuantas decisiones de las que tomamos a diario son realmente producto de nuestra mente y cuantas son producto de la influencia de un amigo, o un comercial, no digo que este mal pedir consejos cuando existen dudas, no digo que este mal escuchar los argumentos que tienen los demás sobre algún producto o decisión que estemos a punto de tomar, pero lo que si está realmente mal es no darnos cuenta cuando hemos dejado de ser nosotros quienes conducimos el curso de nuestras vidas.

Recuerda que al final del día, al final de tu vida, nada te llevas, todo lo que poseías se queda en este mundo y solamente te acompaña la persona que realmente eres, y sería una tristeza que esa persona fuera una completa desconocida tuya.

Autor: Sunky