Con o sin pareja, con o sin amor, con o sin novio, eres y debes ser una mujer libre siempre.

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Hay cosas a las que nunca deberíamos acceder, eso es algo que ahora tengo claro, pero que antes me costaba entender, aún recuerdo la primera vez que me dijiste “no me gusta que uses faldas tan cortas”, y yo incluso cambie la mitad de mi guardarropa por ti, porque no se trataba de algo que yo consideraba importante, porque incluso me sentí especial y mimada, porque pensé que era preocupación por que estuviera a salvo cuando tu no estabas, o porque tenías celos de mí, y no quieras que nadie más mirara mi cuerpo que obviamente te había entregado por voluntad a ti.

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Realmente no entendía la serie de acontecimientos que vendría por algo tan simple como acceder a no usar una determinada prenda, poco a poco fueron más y más las cosas que te molestaban de mí, “no digas esta palabra”, “no me interrumpas cuando estoy hablando”, “no me contradigas en frente de mis amigos”, “no esto”, “no aquello”, no, no y más no, cada vez la lista se hacía más grande, cada vez encontraba mi vida con más y más restricciones nuevas que parecía que no tendrían fin.

Lo curioso y triste de todo esto es que cada vez que me pedias que dejara de hacer algo, yo encontraba una perfecta justificación para creer que lo hacías por amor, y ante todo por mi bien, no cabe duda que fuimos la pareja perfecta para un caos que nunca me imaginé, y es que fueron tantas las cosas que me “pediste que ya no hiciera” que alguna vez me olvidaba de una, y ahí fue donde comenzó tu segunda etapa de abusos, ahí comenzamos con los abusos verbales, comenzaste a llamarme estúpida, idiota, y necia entre otras cosas.

Nuevamente yo creía que me lo merecía de alguna manera, por olvidarme de aquello que me habías pedido dejar de hacer, hasta que llegó el momento en que ya no podía reconocerme a mí misma, hasta que termine preguntándome si algo me gustaba o no, y de alguna manera sentía el impulso de preguntarte si debería gustarme o si no era “apropiado”, que patética era, que tonta y que terca porque incluso eso soporte por un tiempo.

Tuvo que llegar el día en que trataras de golpearme para comprender que te habías excedido, tuve que llegar hasta ese punto tan bajo para comprender que tu no me amabas, y que me había convertido en tu títere, que hacía mucho había dejado de ser una relación amorosa, para convertirse en una relación de amo-esclava.

Aunque fue gracias a ti que comprendí, que el verdadero amor no pide, solo da, y se alegra en recibir lo que le dan, no exige, no impone, no manda, el verdadero amor hace que las cosas fluyan en un ambiente de respeto por el otro, de admiración, de comprensión de las virtudes y defectos, el verdadero amor no te pide cambiar, el verdadero amor deja libres a los amantes para hacer lo que quieran y es de esa libertad de donde nacen las experiencias etéreas.

Autor: Sunky