Adiós a un tesoro

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¡Cuando me arriesgué a vivirlo tuve que haber pensado en la posibilidad de perder, o más bien de perder el control, ese control que yo creería tener bah! Nunca lo tuve, parecía una adolescente experimentando una nueva ilusión, porque eso fue, una ilusión que llegó a mi vida y me sacudió de la monotonía de cada instante vivido y sentido. ¡Y fue maravilloso! ¡Lo fue! Cada día lo disfruté al máximo, reí muchísimo, hasta lloré por recuerdos del pasado, revisé mi vida, mi entorno y todo aquello que estaba a mi alrededor, sentía que me merecía vivirlo, ¿por qué no?

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Con el paso de los días y meses se convirtió en parte de mi cotidianidad, de mis demonios, ¡vaya! Logró conocer demasiado de mí, hasta mi piel, mi alma, gran parte de mí, porque ni yo me conozco aún. Y me entregué porque quise, porque lo deseaba, porque necesitaba probar ese divino pecado. Y lo necesitaba porque nunca lo había vivido y finalmente se aprovechó el tiempo al máximo Que importa hoy, Si esos recuerdos aún me dan nostalgia, pero en ese momento me hicieron tan feliz, si fui feliz, muy feliz, sonreía como una idiota, los ojos me brillaban, mi cuerpo se estremecía.

Hoy que todo terminó, que se interpuso la distancia y el frío del pasar de los días, las horas, los minutos y los segundos, veo todo así y agradezco al universo cada momento vivido, cada sonrisa y por qué no hasta las lágrimas. Le agradezco a él lo que fue conmigo, lo que me hizo vivir y sentir, ¿qué tan sincero y honesto fue en ese momento? Tal vez nunca lo sabré porque su “modus operandi” fue el silencio, las preguntas sin respuestas de su parte, pero así era ¿Quién era yo para cuestionarlo? ¡Nadie! Sólo una mujer que pasó por su vida, y por un corto tiempo logró captar su atención por algún atributo en particular.

Y esa fui yo por algunos meses en el 2016, una mujer que sucumbió por la galantería de un muchacho que por casualidades de la vida se atravesó en su camino. Decía él “yo lo llamo hermoso destino”, en cambio yo lo llamo “dos almas cruzadas por casualidad”.

Dicen algunos, todo pasa por algo y claro que pasó por algo, me re descubrí a mí misma como mujer, como dama, rescaté la dulzura, la pasión y lo mejor del caso valoré lo que tenía en ese momento, la respuesta final de esta historia “GANÉ”. Gané porque aprendí, hoy puedo decir que soy diferente a la que era antes de conocerlo, ahora sé que cuando te dicen algo bonito, es porque quieren algo más y que si tú envías una carita sonrojada a través de un chat o te ríes de algo similar, “abriste la puerta” y le diste inicio a algo que tú y solamente tú decides vivir, arriesgar y probar.

Espero leer esto en algunos años y sonreír maliciosamente recordando esta historia, cuando suene una canción, entonarla con sentimiento, sin ataduras, sin rencores, sólo agradecimiento y los deseos de corazón de que Dios, el universo o el ser superior guié sus pasos para que cada día sea mejor y su existencia en esta tierra deje huella en quienes que como yo, tuvimos la oportunidad de conocer parte de su ser.

Por mí, para mí, por lo que ha de venir

Por: Marcela C.