Ley de la vida: el que riendo la hace, llorando la paga

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Cuan irónica puede ser la vida; mirarte tocar esta puerta que alguna vez azotaste y de la que saliste con una gran sonrisa. Una y otra vez me recalcaste jamás volver, que en ella lo habrías encontrado todo y había sabido llenar, perfectamente mi lugar.

Ignoraste mis lágrimas, mismas que tontamente derramé. Mis suplicas no sirvieron de nada, por más que imploré que te quedarás, no quisiste escucharme. ¡Qué tonta e ingenua fui! Cuanta estupidez se puede hacer en nombre del ¨amor¨.

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No te importó verme tan mal y rota. Ni aquellas palabras de amor que a duras penas logré pronunciar. Tus oídos se ensordecieron para mí, tu vista ya no me miraba más. Tomaste tus cosas y con mirada vencedora te marchaste. Dejando todos nuestros sueños y planes. Dejándome a mí en soledad.

Pasé días en cautiverio sin querer saber de nada y de nadie. Viví una amarga soledad y me pregunté una y otra vez que era lo que yo había hecho mal. Fueron días de descuidarme, de pensarte, de extrañarte y de mendigar amor, amor falso, ese que solo tú sabes dar.

Por días tuve la esperanza de que volvieras, de que me rescataras, que dijeras que todo volvería a ser como antes, que te perdonara, que te equivocaste. Pero los días pasaron sin novedades tuyas, derramé tantas lágrimas que no pudieses imaginar y posiblemente con ello te engrandezcas pero lo único que pretendo es anunciarte a pesar de todo logré superarte.

Ni siquiera puedes imaginar cuán difícil fue no llamarte, no llorarte, no mirar una y otra vez nuestras fotografías. Me costó mucho no buscarte y no pensarte más, no recaer cada vez que pasaba por los sitios que juntos frecuentamos y fingir frente a todos que lo nuestro ya era pasado. Me dolió como no tienes idea amarrarme el corazón para no sentir dolor sabiéndote con alguien que no era yo.

Pero dicen por ahí: ¨lo que no te mata te hace más fuerte¨, y afortunadamente tu traición no me mató, si, es verdad que me tumbó y permanecí muchos días ahí, en esa zona en la que por alguna u otra razón no quería salir. Finalmente llegué a mi límite, tarde o temprano tenía que suceder. Comencé a echar de menos a la mujer que fui y así como me caí me levanté. Con más fuerzas, con más ilusiones y más seguridad. Entendiendo que todo por alguna razón ha de pasar. Comprendiendo que si ahora no estás conmigo es porque no supiste que hacer con tanta mujer, tanta mujer que a su altura nunca supiste estar, por eso te fue más fácil engañar y dejar.

Cuando el daño estaba hecho te quisiste justificar, quizás pretendías no quedar como lo que eras: un patán. Argumentaste que la culpable de todo era yo, ¡no tienes vergüenza! Por primera vez en tu vida hubieses asumido las consecuencias de tus actos, fajarte los pantalones y aceptar, que eres un hombre muy inestable, un inmaduro que no razona lo que hace, que no valora a la persona con la que está.

Mi poco amor propio hizo que una vez más te rogara, haciéndome perder totalmente mi dignidad. Pero la situación me rebasó: me dejaste como otoño pero renací como la primavera. Logré aprender a amarme y valorarme, a ya no creer más en las palabritas de cualquiera. Ahora tengo más seguridad en mi misma y mejor autoestima. Ahora aunque tengo pasado, este ya no me hace más daño… Hoy solo tengo unas inmensas ganas de volver a amar y de volverme a entregar.

Y ahora que me ves bien, vienes y me hablas de ti, que no lograste ser feliz, que no has podido olvidarme y que has pensando en recuperarme. Que puedo decirte que no sepas ya. Te fuiste asegurando que no habrías de regresar. Y te creí y para mi sorpresa ahora estas aquí. ¡Demasiado tarde ya!, aunque el lugar que dejaste sigue vacío es imposible que lo puedas recuperar y es que te he dejado de amar. No mereces ni necesitas a alguien como yo a tu lado. Alguien que te amé y te respete, que te valore, que camine en las buenas y en las malas de tu mano. ¡Eso no lo mereces!

No me resta más que decirte que en mí no cabe ni la más mínima pizca de rencor, el dolor ha quedado superado y pisado ha quedado por ti mi amor. Si, te he perdonado y no precisamente por ti sino por mí. Y es que tengo la certeza que después de la tormenta la calma habrá de llegar, y sé que alguien bueno sabrá ocupar perfectamente tu lugar.

Ahora no me interesa saber más de ti, precisamente por donde llegaste es por donde te puedes ir. Ahora le agradezco a ella el haberme quitado a alguien tan poco digno de merecer. Ahora si no eres dichoso, la culpa es tuya pues dicen por ahí que el que riendo la hace, llorando la paga y la que lamenta y llora hoy, te aseguro no soy yo.

¿Y aquella sonrisa llena de triunfo en dónde quedó? Ahora compruebas que para el amor, eres un perdedor.

Autor: Stepha Salcas (Diario De Una Bipolar)

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