El amor no duele, duelen nuestras fantasías, duele la mentira que nos contamos a nosotros mismos.

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Al ver esos bellos ojos, esa mirada tan penetrante, tan sincera, tan simple, y continuamos mirando, esta vez nos enfocamos en su sonrisa, tierna y reluciente, a veces con toques de picardía, que solo consiguen darle más luz y belleza a su rostro, para luego, volverle a observar, y desear su boca, a esos deliciosos labios produciendo ese tono de voz tan suave y profundo, características muy propias de ti, que tal vez puedan tener muchos, pero siguen siendo solo muy propias de ti a través de mis ojos.

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Oírte hablar es un deleite, saber de ti es mi mejor momento del día, saber cómo te están saliendo las cosas, qué tal te va en el trabajo, con los amigos y, sobre todo, con tu yo interno. Con eso que se queda guardado en lo más privado de tu corazón y que solo te atreves a compartir con pocos, hasta a veces incluso sin poder encontrar a alguno y solo compartes contigo.

 

Y yo te veo, te regalo mis horas desinteresadamente, anhelando poder ser algún día una de aquellas, una de esas personas con las que sientes poder contar y con las que realmente cuentas. Yo quiero estar ahí, quiero ser parte de ese grupo, quiero recibir un mensaje cibernético tuyo diciéndome que deseas hablar, de lo que sea, te juro que me da igual, o espero ese mensaje donde colocas que deseas salir a pasear un momento conmigo, por muy mal que vaya todo, estoy muy atenta a recibir ese mensaje donde pides verme y no hablemos de nada, solo me quede allí asiéndote compañía mientras el silencio nos enseña su monólogo.

Y en la realidad es diferente, sé que no te hago falta, sé que no me consideras, sé que te has pasado la vida disfrutando de quienes entran y celebrando con quienes se quedan en tu vida, lo sé muy bien, y me alegro muchísimo de saber que estás bien, y de que has elegido tan sabiamente a tus amistades, con esos altos y bajos tan propios de la naturaleza humana, pero sigues saliendo adelante. Y es por eso por lo que infiero que no debería molestar, que debería dejar mis anhelos y fantasías solo para mí y así no sentir que me convierto en una carga para ti.

Me siento como una carga, como una pulga en la oreja con tantas atenciones tan dispuestas a que las tomes cuando haga falta, siendo que vienen de una persona a la que no consideras en aquel pequeño grupo, aprendí a entenderlo gracias a ti, existen las personas temporales y las permanentes en la vida, y no importa lo mucho que uno desee que ese alguien sea parte de los permanentes, no se les puede obligar.

Las relaciones se dan sin forzar nada, simplemente les nace a ambos, es ahí cuando duele, pero no es el amarte lo que duele, son mis deseos más profundos verlos convertidos en fantasías como las de un libro lo que realmente duele.

Por: vale