Si te vas y no te detienen, sigue caminando, haz tomado la mejor decisión.

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Dicen que el tiempo todo lo marchita, que eso incluye a las relaciones, a los sentimientos y a las personas, que es imposible que la chispa del enamoramiento arda por siempre entre los amantes, y que llega incluso un instante en el que todo se apaga a tal grado que ya no es posible reavivar las cenizas, dicen que todo eso es inevitable, que somos presa de nuestro destino y que no podemos escapar de él.

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Recuerdo que en ese entonces decidí irme de ti, recuerdo que cada paso que daba alejándome de ti era un peso que se sumaba en mi alma, que el oxígeno me faltaba, que me costaba respirar, que quería volver desesperadamente, de alguna manera sabía que nada había logrado con mi partida, a pesar de todo yo te seguía amando desmedidamente, ese tiempo del que todos hablan, parece que solo te había afectado a ti, yo parecía inmune a sus efectos, porque para mí seguías siendo el amor más grande que había tenido.

De alguna manera perdí el valor, mis convicciones se doblegaron ante el deseo de volver a verte, estaba casi llegando al lugar a donde me dirigía cuando tome la decisión de volver a tu lado, nadie me lo había pedido, nadie se había preocupado por mí, no tuviste ni siquiera el interés de buscarme, pero bastaba con que yo te quería ver, me sentía presa de este sentimiento que nacía de mi pecho y que me obligaba a volver a tu lado, aun sabiendo que posiblemente nada cambiaría, aun sabiendo que quizás las cosas podrían volverse peores.

Cuando regresé a ti me envolviste en tus brazos, me dijiste que estabas preocupado por mí, y que estabas a punto de salir a buscarme, me pediste perdón y me prometiste que todo cambiaria, por un momento me volví a sentir como en ese tiempo en el que nos enamoramos, y creí que había hecho bien en volver, pero no podía estar más equivocada.

Te había dado la prueba tangible de que no era capaz de vivir sin ti, que hicieras lo que hicieras no podría dejarte y que, aunque lo llegara a hacer no tardaría en volver, así que tu trato hacia me empeoro aún más, mi vida que creía que ya era un infierno se volvió una tortura aun mayor, tarde me di cuenta del error que había cometido. Nuevamente reuní lo que me quedaba de orgullo y de fuerzas, esta vez con una mayor convicción de que hacia lo correcto.

Caminé nuevamente lejos de ti, pero esta vez fue distinto, estaba convencida de que tu no cambiarías, o al menos no lo harías para mejor, en cada paso degustaba el sabor de la libertad y en cada exhalación sentía un suspiro de alivio, al final entendí que si te vas y no te detienen es mejor seguir caminando, porque has tomado la mejor decisión.

Autor: Sunky