Solo las valientes pueden reír cuando por dentro están hechas pedazos.

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Una sonrisa te abre más las puertas que las lágrimas, una sonrisa te brinda seguridad, las lágrimas solamente inspiran compasión. Son incontables las ocasiones en las que he contenido las ganas de llorar, han sido muchas las situaciones, diferentes los motivos, pero siempre ha sido una constante, el no mostrarles ese lado de mi a toda aquella gente que tiene una relación superficial conmigo, no ha sido para nada fácil, pero si quieres abrirte camino la sonrisa es siempre la mejor opción, en verdad es difícil tener que contener ese nudo en la garganta, en verdad duele no poder saciarte llorando hasta que se sequen las lágrimas, pero con lágrimas en los ojos no se puede luchar bien.

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No se trata de negar las emociones reales de ninguna manera, no se trata de pretender que nada pasó, se trata de mantener los asuntos privados fuera del alcance de la mayoría, porque a esa mayoría de cualquier manera no les importa lo que realmente te pasa, y si te preguntan ¿Qué te sucede? cuando te ven triste, es más bien por el morbo de enterarse de tus desgracias, pero no porque tengan la intención de ayudarte o porque estén verdaderamente preocupados por tu bienestar.

Hay que aceptarlo, no es que la mayoría sean malas personas, es que la modernidad en la que vivimos nos ha convertido en personas egoístas, no tanto por gusto si no por necesidad, porque en muchos casos los recursos apenas alcanzan para si mismos y es imposible compartirlos con los demás, lo malo es que eso lo hemos traducido en todos los planos, y ahora pareciera que las emociones también son un recurso que debemos evitar “gastar en los demás”, lo cual hace un circulo realmente pequeño de personas a las que realmente les interesa lo que te pasa, y curiosamente esas personas no necesitan que vayas y les cuentes que te sientes mal, porque lo notan de inmediato y se acercan cuando es necesario.

Definitivamente hay momentos en los que me desahogo hasta más no poder, pero en esos momentos me encuentro sola preferentemente o con alguien de mucha confianza, lloro lo suficiente para soportar la jornada siguiente con una sonrisa como fachada, pero también hay momentos en los que mi sonrisa es natural y completamente genuina y es ahí donde el alma descansa, donde puedo dejar de actuar, y a diferencia de mis lágrimas, no tengo problema de compartir mi sonrisa con nadie, aunque mis motivos para sonreír igualmente los guardo solo para mi pequeño círculo de personas especiales.

Autor: Sunky