Carta de un egoísta

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Sí, sí te he dejado, llámame insensato, cruel, malvado, dime lo que quieras, porque todo en cuanto a lo que llames me lo merezco, sé que estás sufriendo, estás padeciendo, lo sé muy bien y me duele de sobremanera que te encuentres así, tanto me duele que quisiera ser yo el que padezca toda esa incertidumbre de pesares y no tú, quisiera ser yo solo el enamorado y no tú, quisiera haber sido yo el engañado y no tú, cuando pienso en ti, cada momento que pienso en ti me es mi existencia un tormento, no puedo creer que alguien como tú este sufriendo tan inhumanamente como lo estás haciendo por mí.

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He luchado con mis instintos humanos de escribirte, he luchado conmigo para no desear escuchar esas palabras tiernas que de ti salen y se escriben, me he mordido el pensamiento diciendo que si volviera ¿qué palabras de reclamo me dirías? ¿Qué me echarías en cara? y yo me sentiría el hombre más feliz del mundo por el reclamo dicho, ¡sí! me estás protegiendo, me estás celando, estás reclamando mi presencia, ¡que dicha la mía! Pero me detengo.

Sé que he sido egoísta, muy egoísta, el hombre más egoísta del mundo, contigo más que con cualquier otro ser humano porque no he podido tenerte, no he podido besarte y he deseado en silencio fervientemente que nadie ni siquiera por error descubriese lo encantadora que eres, lo sublime y blanda que puedes ser por las noches, las miles de cosas que no puedo siquiera mencionar porque no puedo creer otra vez que te estoy perdiendo, que te estoy dejando ir y todo es por mi empeño, por mi maldito empeño.

Piensa lo que quieras, pero todo lo que he hecho es porque te amo. ¡Sí! te amo, siento miles de cosas en mi corazón al recordar todo de ti, pero si te evito, si me escondo es porque por primera vez la dicha sublime de un poder sobrehumano me ha inundado y el poder mezquino que me emborracha se ha esfumado y ya no pienso más en mí.

¿De qué manera podría demostrarle que la amo? Me pregunté cientos de veces sin atinar a una sola respuesta verdadera, pero cuando descubrí el sentido, solo de pensarlo enloquecí y lo intenté.
Jamás estuvimos juntos, jamás te toqué, jamás te hice el amor y ahora tendré que soportar mi destino dejándote ir sin siquiera decirte “adiós” cómo si hubieras sido tan poco para mi vida, pero soportaré este pesar ¡Sí! Lo haré, piensa lo que quieras, pero ahora yo estaré sumergido por meses y luego años cavilando en la idea de quien estará contigo para siempre descubriendo lo primero que yo conocí, lo primero que yo emergí de ti, los primeros sonidos diferentes de tu voz encantadora, y le digo, ¡Sí! Le digo a aquel que te posea que no tendrá la dicha de tener todo lo que tuve de ti, todo lo que me entregaste cada instante que te robe, cada minuto que hablé contigo y me amaste sin un propósito como aquel que vendrá a hacerlo en mi reemplazo.

No sabes cuánto he sufrido y sigo sufriendo. ¿Te he dicho ya que todo esto lo hago porque te estoy adorando como un loco y que he pensado solo en ti en cada cosa que he fabricado? ¡Sí! Dime lo que quieras, maldíceme en silencio, pero te he dejado porque tu amor sincero no merece ser engañado más por mi amor mezquino.

¡Qué nadie diga que no te he amado! Porque te he amado con locura, solo que no podría expresar con palabras este sentimiento de tormento que solo ha buscado dañarte, perdóname, por favor.

Por: Jenniffer