No nos rompe un adiós, nos rompe el ego

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Sin duda alguna una de las mejores etapas de nuestra vida es cuando estamos enamorados, y claro, bien correspondidos. El amor nos hace sentir plenos y felices, ya que estamos en un mundo habitado de ilusiones, promesas, magia y fantasía. Un mundo donde nada ni nadie puede empañar nuestra felicidad. Un mundo donde todo es tan perfecto que ni por un momento pasa por nuestra mente que el amor no siempre es eterno y con finales felices. Sin darle más vueltas, que el amor se acaba y con él, el sueño mágico que creímos realidad.

Y aquí lo único cierto, es que cuando una relación termina, a una de las dos partes nos va a tocar sufrir más, y es tanto el dolor, que nos cuesta muchísimo ver si realmente es amor o ego herido.

Aunque estoy convencida de que mucho de nuestro dolor al terminar una relación tiene más que ver con que no nos patean a nosotros ni a nuestro trasero, sino a nuestro ego. Un ego obstinado que se niega a admitir una derrota. Un ego voluntarioso que se aferra a mantener una relación porque le cuesta tolerar que las cosas no salgan de acuerdo a lo planeado. Un ego herido que sangra y sufre al pensar que no fue lo suficientemente valiosos para la otra persona. Un ego que no entiende que lo que en un momento de nuestra vida fue valioso y maravilloso, en otro momento puede dejar de serlo. Un ego orgulloso que le es difícil soportar que el otro viva feliz sin nosotros, y menos aún soportar la idea de que tal vez desaparecimos sin dejar rastro en su vida. Un ego rebelde que se niega a perder una historia llena de buenos momentos o de falsas expectativas a las que sigue apegado porque sus sueños se han desmoronado y siente un temor incontrolable a la incertidumbre. Y ni hablar cuando existe un tercero, porque lo primero que hace, es compararse: ¿Qué tiene esa otra persona que no tenga yo?

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Incluso a veces, nosotros mismos ya no nos sentimos satisfechos en esa relación o ya no amamos a la otra persona, pero al ego le encanta ganar y nos duele no haber sido nosotros quien terminó, quien no tuvo el valor y la dignidad de poner un punto final a algo sin futuro.

Es por eso que el ego herido es el primer agraviado, el que sangra, el que sufre, el que se sumerge en el dolor, el que tiene la necesidad de ofenderse profundamente y busca salidas egoístas y desesperadas para aliviarse.

Es verdad que sea del modo que sea, un adiós siempre va a doler porque de alguna manera, una parte de nosotros muere, cambia totalmente y nunca volvemos a ser los mismos, pero el ego se encarga de que esto sea aterrador porque de momento nos hace perder el control, nos quita poder y reconocimiento, ya que cuando amamos y somos amados, alimentamos nuestra autoestima. Cuando amamos nos abrimos al otro, damos y recibimos. Cuando amamos esa pareja ocupa un espacio que se derrumba con la ruptura. Sobre todo, para aquellos que sólo se veían en el espejo que el otro les proporcionaba y eso nos cambia la manera cómo nos apreciamos nosotros mismos sin ella.

Aquí lo importante es empezar por reconstruir nuestra estima, ya que es el ingrediente principal para superar el dolor y continuar este maravilloso viaje por la vida. Necesitamos valorarnos, enamorarnos y volver a creer en nosotros mismos. Es verdad que vamos a sentir miedo. Miedo del futuro incierto, de la soledad, de no volver a amar, o también de volver a amar, de no encontrar nuevamente a alguien especial. Se teme lo mejor y lo peor, pero es normal, no te preocupes, todos estos miedos es solo una señal de que la historia anterior se esta cerrando y el futuro se abre.

Sí, tal vez perdimos un amor, tal vez nos cueste muchísimo trabajo volver a reconstruirnos, recuperar la confianza en nosotros mismos, pero allá afuera el mundo sigue girando, y nos daremos cuenta que nadie es mejor ni peor que nosotros, que de desamor y soledad nadie se muere. Llegará el momento en que pensemos en el pasado con nostalgia y nos daremos cuenta que esa aventura, aunque fue muy bella, no implica tirar al bote de la basura lo que nos constituye: nuestras elecciones, nuestros sueños y nuestros deseos.

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El ego está estrechamente relacionado con el miedo, y como todos sabemos, al miedo le encanta robar sueños. Pero no lo permitas. Seca las lágrimas que aún quedan en tus ojos; la calma llegará. Si el amor se acabo, déjalo ir y agradécele el aprendizaje. Deja ya de vivir agonizando, sepulta las ilusiones sin destino. Fue importante y fue necesario, pero ya no lo es. No retengas algo que es pasado y ya no existe. Despídete, libérate, ábrete a lo nuevo, vuelva a mirar hacia adelante. En lo desconocido siempre se encuentra la ilusión y una gran oportunidad.

 

Si algo he aprendido con el tiempo, es que un final es sólo otra buena razón para comenzar de nuevo.

 

Autor:  Karla Galleta