¿Cuál es el código postal del cielo? quiero enviarle un beso

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Generalmente le escribo al amor, a la felicidad… hoy solo tengo ganas de escribir una bonita tarjeta de cumpleaños, solo que no sé qué código postal usan en el cielo.

Cuando eres joven, o relativamente joven pues ya estoy en el tercer piso, no piensas en que te tocará despedir a tu compañera de estudios, quizá por el miedo no implícito que tenemos a la muerte, generalmente no la nombras, y crees que lo normal es que deje el mundo, quien ya vivió todo lo que tenía que vivir, y las vivencias se miden en años, ojala solo murieran los viejos, eso debería ser así, al menos en mi mente cobarde, pero rompiste con la NO regla de vida y te fuiste. Te fuiste joven y en esos ojos cerrados se quedaron muchos sueños sin cumplir.

friends

Duraste meses enferma, nunca supe a ciencia cierta de qué, o no quise saber, ya ves, de nuevo por cobarde. Vivías en un raro aislamiento de todo, de todos, no deja de taladrarme en la cabeza que debí haber insistido más, debí haberte hecho saber que estaba ahí para ti, aunque siempre tuvieras mi primer pensamiento en la mañana y el último antes de dormir, pero eso tú no lo sabías, nunca supiste que estaba ahí para ti.

Hoy hace un año que decidiste dejar de luchar, hace un año que la morena no baila más. Cuando me enteré, el mecanismo de defensa de todos se aferró a mí por un rato, la negación. Después, mucha agua inundó mis ojos, me nublaba la vista y me cerraba la garganta, esa comida familiar donde todo eran risas, para mi terminó ahí.

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Al rato, fui a darte el último adiós, en ese ridículo protocolo religioso, y ahí nos reuniste todos, una generación unida para decirte adiós. Un día antes de tu cumpleaños fuimos a decirte adiós.

Horas después de que te dejamos en lo que también ridícula y poéticamente llaman la última morada, ya en mí casa, tenía miles de sentimientos rondándome pero la ira era el que prevalecía, me odié por no verte, por no buscarte, y hasta te odié por marcharte, por rendirte.

missu

Recibí la llamada de un amigo que quería ayudarme a desahogarme, y lo odié también por preguntarme si tu muerte había sido por causas naturales, le grité, le dije que no era natural que una joven de 28 años se fuera así de aquí. Me dijo que yo no tengo el control de esas cosas, y sin hacer alarde a temas religiosos me hizo entender que aunque no lo pareciera o no quisiera entenderlo tu círculo estaba cerrado, y que tu partida no podría ser de otro modo, solo así era como ibas a seguir dando lecciones de vida a los que dejaste llorando por tu despedida.

No sé si alguien ya aprendió lo que debía, pero yo si agarré mi parte.

No me queda más que aventar un beso, envolverlo en una tarjeta de cumpleaños y mandarlo directito al cielo. Tu recuerdo no. Ese se queda en mí, ese se queda conmigo pegadito.