La madurez no se hizo para ti

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Todo esto a sabiendas de que tu egocentrismo y tu forma de ser al extremo egoísta, te llevan a que fracases en todas tus relaciones, en tus empleos y proyectos, pero no eres capaz de reconocerlo, todo lo contrario: la culpa es siempre del otro. De ti solo salen frases como: “No sé por qué todos están en contra mía”; “no entiendo, todo me sale mal”; “Nadie reconoce mi esfuerzo”; “todos se aprovechan de mí”…

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Hoy quiero decirte lo que no quieres escuchar, quiero decirte que hasta que no asumas la responsabilidad de tus propios actos y dejes de culpar a los demás por tus decisiones y las consecuencias que de ellas se derivan, vas a seguir siendo ese fracasado empedernido, vas a seguir saltando de pareja en pareja, de un puesto de trabajo a otro, de aquí para allá sin echar raíces.

Lo más triste de todo es que no te importa a quiénes te llevas por delante, ni te importa el sufrimiento de aquellos que llegan ingenuamente a amarte, a creer en tus dulces palabras, de aquellos que a pesar de haber sido engañados una y otra vez por ti, como tu familia, vuelven y te dan una oportunidad, para que tú, al menor descuido, vuelvas a clavarles la daga por la espalda.

Y no se diga del amor…acaso sabrás lo que es amar de verdad? Creo que nunca has amado de forma sincera. Eres un oportunista, aprovechas el amor verdadero que alguien pueda sentir por ti para sacar ventajas, y cuando visualizas una oportunidad más ventajosa, das el zarpazo para rasgar hasta los huesos a la ingenua o ingenuo que puso su amor y su confianza en ti.

Ese comportamiento infantil te va a acompañar mientras respires, porque la madurez no se hizo para ti, como un niño, para ti siempre será más fácil sacudirte de la culpa y la responsabilidad, para quedar bien con tu conciencia, si es que la tienes, porque permíteme dudarlo.

Fui tu víctima o tu saco de culpas, pero tengo la dicha de poder gritar a los cuatro vientos que el día que entendí el lastre que eras para mi vida, sentí que podía flotar en el aire como una pluma libre y liviana.

Hoy te doy las gracias, con mi corazón lleno de paz. Te agradezco por haberme librado de ti. Te agradezco por dejar mi espacio vital sin tu presencia, porque ahora sí sé que puedo llenarlo de paz, amor, armonía y sobre todo, equilibra mi vida, que tú con tus berrinches, estuviste a punto de destrozar. Pero ese derecho no te corresponde y puedes jurar que no te voy a dar la oportunidad de hacerlo.

Por: Nilba Pérez