Preocuparse es una pérdida de tiempo, no cambia nada, te confunde, te llena de miedo y te roba la felicidad.

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Las personas somos capaces de cambiar cuando nos lo proponemos de verdad, no es fácil dejar una costumbre tan arraigada en nosotros que muchas veces la confundimos con una parte inherente de nuestra personalidad, recuerdo como antes era un mar de preocupaciones, y como lo hacía de manera tan arrogante, tan fuertemente, como si de verdad con el hecho de preocuparme pudiera evitar que mis temores se hicieran realidad, y mientras me preocupada, desatendía muchas actividades importantes y devaluaba la compañía de aquellos que estaban a mi lado.

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No estoy diciendo que sea malo prever algunos problemas que en ocasiones se puedan presentar y hacer una especie de plan de contingencia para cada situación probable, especialmente cuando somos capaces de cambiar el resultado con nuestros actos, pero es que hay veces que nos preocupamos de cosas que escapan de nuestro alcance, cosas que definitivamente no podemos cambiar y que solo nos queda esperar a ver su desenlace, yo antes me preocupaba por las guerras, por si alguien me dejaría, por si recibiría o no alguna visita de improvisto, y la gran mayoría de esas cosas por las que me preocupaba nunca pasaron, y las excepciones aquellas situaciones que vislumbre con antelación y realmente sucedieron, fueron muy pocas en las que pude realmente actuar en consecuencia y mejorar en algo su desenlace.

Un día descubrí que me estaba convirtiendo en alguien amargada, temerosa y que no me gustaba la persona que era, me di cuenta que en gran parte se debía a todas mis preocupaciones, a todos esos fantasmas que rondaban por mi cabeza, y que por las noches me robaban el sueño, y decidí clasificar mis preocupaciones, sabía que no podía cambiar de la noche a la mañana, incluso creía que esa naturaleza de preocupación era parte de mi esencia, de mi personalidad.

Comencé por dejar de ver las noticias, para reducir mis preocupaciones a mi círculo familiar, y social, después dejé de preocuparme por las cosas que a pesar de todos mis esfuerzos no podía cambiar, esta fue la parte más difícil, porque era tan arrogante, que creía en el fondo que siempre había algo que yo podía hacer para cambiar esos posibles trágicos desenlaces, cuando por fin pude lograr alejarme de la mayor parte de mis preocupaciones, me di cuenta que mi felicidad había aumentado en gran manera, que disfrutaba más de la vida, y que las personas que me rodeaban también disfrutaban más de mi compañía.

Al final entendí todos los recursos que desperdiciaba con esa actitud de preocuparme tanto, y como dejé pasar muchos momentos lindos por estar enajenada en mi mente con miedos que en la mayor parte de las veces no tenían sentido, también me di cuenta que es mejor ocuparse de las cosas cuando suceden si es que pasan, pero preocuparse es una pérdida de tiempo, y de felicidad.

Autor: Sunky