Cualquier tonto puede tener un hijo, pero solo un hombre de verdad merece que lo llamen papá.

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Cuando se es joven cometemos muchas locuras, creemos que todo lo podemos, confiamos sin apenas pestañear, somos víctimas de nuestros propios sueños y anhelos por que se los adjudicamos a alguien más, compartimos de una todo lo que somos y muchas veces esto lleva a terribles decepciones, no me molesta en sí lo que sucedió, lo que me molesta realmente fue que nunca hablaste con la verdad sobre lo que realmente querías, me llenaste el oído con palabras dulces y dijiste exactamente lo que yo deseaba escuchar.

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No era necesario que me mintieras, yo también deseaba entregarme a ti, tanto o más de lo que tú lo querías, solo me hubiera gustado saber que no veías un futuro conmigo, o al menos que de manera inmediata no te querías comprometer, pero siempre me alentabas a caer en aquel hecho fortuito de entregarnos al placer y aquellas ocasiones en las que te pregunté qué pensabas si llegaba a suceder que quedara embarazada siempre sonreías y decías que nada te haría más feliz.

Fueron tus palabras, mi inocencia y locura los ingredientes perfectos para que tomará la decisión de nunca cuidarme para no terminar embarazada, estaba consiente que quizás no era el mejor de los momentos, pero también sabía que el momento propicio casi nunca llega, muchas veces las cosas solo pasan, las afrontas, las vives, las disfrutas y tu vida cambia, pero no siempre en un tono negativo.

Creí que si  algún día pasaba que terminara embarazada, nos iba a costar tiempo acomodarnos, que quizás estaríamos apurados con los gastos del embarazo y comprando cosas para nuestro bebe, que nos mudaríamos a vivir juntos, que pintaríamos el cuarto de nuestro hijo con colores llamativos, que nos tomaríamos miles de fotos de cuando juntos lo estábamos esperando, que lo recibiríamos juntos al llegar a casa y que entre los dos lo acostaríamos en su cunita, que algunas veces me ayudarías a darle el biberón para que yo pudiera dormir un poco, que tu cara se derretiría en un mar de lágrimas de felicidad cuando vieras en su rostro unos trozos del tuyo y otros míos, y que competiríamos juntos para ver si decía primero mamá o papá.

Pero decidiste irte y perderte todos esos hermosos momentos, y yo tuve que adaptar mi realidad para darle todo lo que estaba a mi alcance, pinte su cuarto yo sola, pero tú sabes que para esas cosas siempre fuiste mucho mejor que yo, no hubo necesidad de competir con nadie, su primera palabra fue mamá y fue hasta más tarde fue cuando me pregunto porque no tenía un papa.

bebe

Durante un tiempo fue mi papá su figura paterna, ahora lo es el hombre que me acompaña, es él y nadie más quien tiene el derecho real de ser llamado papá, pues es un hombre en todos los sentidos de la palabra, no le bastó solo con amarme a mí, sino que ama a mi hijo como si fuera suyo, algunas veces lo regaña y lo castiga, pero siempre lo hace con una razón y justificación, mi hijo lo quiere y lo respeta porque sabe que lo que el promete lo hace, y así como algunas veces le castiga o regaña, también tiene para el consejos, cariños, y regalos cuando destaca en la escuela.

Aquí no hay nada para ti, lamento que estés arrepentido por lo que hiciste y espero que puedas perdonarte algún día, no sabes las cosas hermosas que nunca pudiste vivir, todo lo que te perdiste, y que nunca podrás recuperar, pero debes entender que no eres una buena imagen para mi hijo, eres todo lo que yo no quiero que él sea jamás, si en verdad lo quieres aunque sea solo un poquito márchate, cualquier idiota puede tener un hijo, pero solo un hombre de verdad merece que lo llamen papá y él ya tiene a ese hombre que lo eduque, y no necesita conocer a aquel que prefirió sus propios intereses y que no se acordó que tenía un hijo hasta apenas hoy, seamos realistas: nunca lo quisiste ni tampoco ahora lo quieres, solo quieres aliviar tu conciencia por lo que hiciste o quizás eres víctima de la soledad que te forjaste, pero mi hijo no tiene por qué pagar más por el error que cometí contigo y no voy a exponerlo a la decepción de conocerte, solo para aliviarte la pena que tú mismo te ganaste, márchate, mi hijo ya tiene un papá.


Autor: Sunky