A veces aferrarse hace más daño que soltarse.

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Recuerdo fielmente ese día en que prometimos estar juntos por siempre, nos subimos en nuestro barco en la aventura de una relación que debería perdurar por siempre, nos comprometimos uno con el otro en aquel altar y juramos ante Dios sernos fieles en las buenas y en las malas, pocas han sido las buenas, pues desde que comenzamos a vivir juntos, tu forma de ser cambió, tus delicadas palabras se convirtieron en gritos, tus manos que me acariciaban, en una sujeción de desesperanza, todo cambio, pues dejas te de conquistarme para tratarme como un objeto más de tu pertenencia, y yo en medio de esta tormenta de cambios sin sentido, solo me he repetido que nos casamos para vivir aquí y en la eternidad juntos, pero ¿fue tan grande mi pecado al no prever que serías así?.

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Una parte de mi tiene la esperanza de que te des cuenta del enorme error que estas cometiendo conmigo, y veas que no es forma de tratar a tu compañera, a aquella mujer que a pesar de todo y contra todo siempre te ha brindado su apoyo, su comprensión, abrazos y besos en los momentos en que te has sentido débil o confundido, pero dime ¿a cambio que he recibido yo?, solo tienes tiempo para mí cuando quieres satisfacer el deseo de la carne, pero no me seduces, llegas, me tomas y me dejas, como si fuera yo desechable, como si yo no tuviera sentimientos, como si no importara en nada que me trates siempre como un objeto.

Estoy cansada, frustrada, viendo como la vida se me escapa, y me pregunto qué futuro puedo esperar con alguien como tú, entiendo lo sagrada que fue esa promesa, de quedarme siempre a tu lado a pesar de lo que fuera, pero tu faltaste a tu promesa desde el primer día, pues también tu prometiste amarme y honrarme, tratarme como una igual, cosa que nunca o muy pocas veces has hecho, me rompe el corazón darme cuenta de que cometí un error cuando te elegí, pero sigo pensando y creo que a pesar de haberme equivocado así, no merezco pagar una vida entera con una persona como tú.

He de rogarle a Dios que me perdone, y pediré también que te perdone a ti, a ti no te ofrezco disculpas, porque me engañaste desde el principio, prometiste cosas que nunca pensaste realmente cumplir, a pesar de todo no te odio, pero no quiero vivir un minuto más a tu lado, abstente de pedirme una segunda oportunidad, porque te he dado una en cada día que me quede contigo y todas las has desperdiciado, sé que eres capaz de fingir durante un largo tiempo ser esa ilusión de la que me enamore, apareciste en mi vida como un ojo de agua en el desierto, pero al igual que ese ojo de agua, solo eran falsas ilusiones las que te soportaban.

Duele mucho soltarte, y contigo a todos esos sueños que al menos para mí fueron tan preciados, pero aferrarme a ti me ha hecho más daño, te digo adiós, no volverás a saber de mí y no podrás encontrarme y en este momento que tengo mis maletas hechas y estoy por irme solo tengo un arrepentimiento en la mente, “¿Por qué no lo hice antes”’…

Autor: Sunky