todos van a seguir siendo iguales mientras yo no cambie mi actitud

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No repito patrones, no es mala suerte en el amor; al parecer es una manía mía el decir “todos son iguales”, la realidad es diferente, al parecer el elemento clave que ha fallado durante mis últimos años en relaciones, soy yo; soy yo que entrega sin esperar nada a cambio, soy yo que abro un espacio en mi ocupada agenda para personas que no tienen tiempo para mí, soy yo que a pesar de los miedos que cada vez son más fuertes debido a las enseñanzas que me han dejado aquellos que han pasado por mi camino y han dejado estragos en mi vida, sigo pensando que la gente nueva no tiene la culpa de mi pasado y no tiene por qué pagar por eso y entonces, cuando menos lo espero, vuelve a suceder, me vuelvo a ver sentada en mi sillón con una copa de vino en la mano y en la otra un cigarrillo y preguntándome “¿ahora que hice mal?” “esta vez fui yo de nuevo y sigo sin saber que fue exactamente lo que di de menos, o lo que di de más”.

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He descubierto que el error he sido yo, porque no he aprendido a valorar mi tiempo, mi esfuerzo, mis sentimientos, no he aprendido a valorar la gran persona que soy y me he minimizado involucrándome con gente que tiene; por supuesto, menor capacidad sentimental y tal vez mental y en un intento por sentirme correspondida he bajado mis estándares, y obviamente al esperar aunque sea un poco, lo que recibo suele ser menos que poco. Mi abuela solía decir “Pide millones y tal vez así tengas cientos”, al parecer yo he pedido centavos y he recibido mucho menos.

No quiero sentarme una vez más en ese sillón a cuestionar mis errores, no quiero pensar que es mala suerte y mucho menos seguir culpándome por la simple elección de otras personas que, muy respetablemente, aunque yo insista y quisiera que pasara, simplemente no quieren ni anhelan formar parte de mi vida, aunque si lo veo desde el otro punto debo estar agradecida por que me alejen de ellos; de cualquier manera, no valdría la pena mendigar amor toda una vida.

Definitivamente lo que en este momento me toca, es responsabilizarme por mí, cuidar de mí y ponerme como prioridad antes que los sentimientos que pudiera tener para con los demás.

Adiós a la “mala suerte” y a pensar qué es lo que me falta para ser suficiente, no más “todos son iguales” ya que todos van a seguir siendo iguales mientras yo no cambie mi actitud y mis acciones que de una vez por todas puedan demostrar que antes de amar a alguien, necesito ser mi propia prioridad.

 

Por: Manchiitta