Jaque Mate al corazón.

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No creía en el amor, después de tantas relaciones fracasadas, ilusiones perdidas, sueños incumplidos, mi cerebro y mi corazón habían formado una alianza; no volver a entregar ni una mísera migaja de amor.

Por mucho tiempo me mantuve así, seca de amor y por más que necesitaba cariño en mi vida, opté por hacerme la idea de que nunca iba a llegar esa persona que me hiciera creer nuevamente que amar es posible, que no es solo cosa de poetas y novelistas, y justo cuando estaba convenciéndome de la idea apareciste en mi vida; de la manera más insólita, sin esperarlo, sin siquiera pensarlo, por total casualidad. Recuero ese día como si fuera hoy, lo único que se me pasaba por la cabeza era busca una forma de conquistarte, no era por tus rasgos físicos (que me encantan, por cierto), tenías algo, sentí una química especial, que aún hoy teniéndote tan lejos, sigue vigente en mi ese sentimiento como aquel primer día.

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Cierro los ojos y te veo, sentado en el suelo fumando un cigarro, hablando de cosas que no tiene mucho sentido, pero son fuertes amalgamas para dos desconocidos. Por muchos días buscaba la forma de volver a encontrarte, y lo conseguí, inclusive aún mejor de lo que me esperaba. Nos hicimos amigos, y con eso pude comprobar que mi instinto tenía toda la certeza, éramos tal para cual, compartíamos gustos de toda clase, desde música a moda, eras mi otra mitad en el mundo, contigo me sentía a gusto este donde este. En este momento una sonrisa se escapó de mis labios, recordé cuando coqueteábamos sigilosamente, aunque sabíamos que era notorio por extremo. ¿recuerdas nuestro primer beso?, volví a sonreír, está impreso en mis recuerdos, me lo sé de memoria como mi canción favorita. Esa canción que nunca se te olvida.

En esos momentos la luz de la esperanza se predio para espantar a mis fantasmas, y volví a creer en que todo era posible, pero lamentablemente lo bueno dura poco. No eras libre de corazón, tu corazón estaba atado a otra persona, un ser tan toxico y dañino que te convenció de que ese mundo de sombras era el correcto. Que el amor era oscuridad y mentiras.

Y ahí éramos tres en juego, vos, ella y yo, por desgracia uno iba a salir perdiendo, y justo vos no eras esa persona, por un lado, la tranquilidad que yo te proporcionaba, y por el otro vaya a saber que te daba ella, todo menos amor. Y no me equivoco al decir esto, yo misma lo vi, vos mismo me los mostraste,  siempre te entendí, siempre te justifiqué, porque odiaba verte sufrir, odiaba verte a la deriva sin saber qué hacer, no querías lastimarme, lo sé mi amor. Pero en la vida solo se pueden hacer dos tipos de cosas, cosas malas o cosas buenas, y tus elecciones no fueron las mejores, sé que hubo situaciones que no supiste manejar, pero si pudiste evitar muchas otras, también sé que no todo es tu culpa, yo bien sabía que el que juega con fuego puede quemarse, pero no me importo, porque me cegué con la idea de que me amaras, de que el amor puede contra todo, pero claro, no había entendido el cliché; el amor debe de ser mutuo, y en nuestra historia solo yo te amé. Tampoco es tu culpa, cada uno tiene sus tiempos para amar, y sobre todo para olvidar.

Mi alama te vio y se pegó a la tuya sin pedirte permiso, de una forma atrevida, sé que te gusto, que en el fondo te hubiera encantado poder amarme, pero no era mío tu corazón, y citando el cliché popular; eras la persona correcta en el momento equivocado. Y si, nada define mejor lo que somos, lo que fuimos, dos personas que estaban conectadas por una química incomprensible, pero el caprichoso destino no quiso juntarlos.

Sé que probablemente aun sigues con ella, yo ya no puedo esperarte más, una vez me dijiste “dame tiempo, sabes que voy a estar contigo”, intento, pero no puedo darte más de mi tiempo. Mi alma quiere ser libre, y acá se encuentra encadenada a un amor imposible al momento.

Dudo que algún día vayas a leer esto, pero tengo la inmensa necesidad de sacar todo esto que llevo dentro de mi hace tanto tiempo, y por cobardía no puedo decirte mirándote a los ojos. Ya no, a esta altura del juego perdí todas mis fichas, no me queda nada que apostar, el destino me hizo jaque mate al corazón.

 

Por: Siliana Salvia.

Editado por: Sunky