Gracias por cruzarte

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El amor es un debate constante entre nuestro cerebro y nuestro corazón. La razón y el sentir, que ironía… es decir, cuantos de nosotros muchas veces optamos por permanecer en ese lugar, aunque sabemos que allí no hay vida, no hay esperanza. Es como estar parado en el medio del huracán. Inmóvil… solo esperando, y ahora va la pregunta ¿que esperamos? ¿Qué pase la tormenta?, claro por el cliché “después de la tormenta Siempre sale el sol”. No, hay sitios donde el sol está muy tapado por nubes y muy rara vez se ve. Y si sufrimos por amor eso lo sabemos, solo que preferimos ignorarlo o hacernos los desentendidos y seguir, ¿por qué? Si tienes esa respuesta, te felicito, entendiste todo.

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Por mi parte decidí seguir ahí en esa tormenta, mojándome, esquivando obstáculos… cada gota rosaba mi piel hiriéndome cada vez más. En un momento te culpe por todo, pero hoy entiendo que es estúpido culpar a los demás por nuestro propio dolor emocional, cada uno de nosotros tiene la posibilidad de elegir, y guiados por nuestro código moral y ético sabemos que es lo correcto, que es lo que no está bien, y cuanto dolor estamos dispuestos a soportar por “amor”.

Por eso dejé de culparte y empecé a cuestionar mis propias decisiones con respecto a ti, desde el día en el que me enteré que me mentiste por primera vez. En ese momento quería estar contigo y no me importo, llorar a la noche se había hecho cotidiano, perder el apetito era algo de todos los días, revisar las redes sociales en búsqueda de pistas que me dijeran que habías hecho la noche anterior era mi rutina de cada mañana, y quererte mi sostén de todos los días. Me aferre a ti de una manera que no logro comprender, “aún hoy que las cosas cambiaron sigo sin entender porque te amé tanto y de la forma tan pura en que lo hice”.

Cuando entendí que la única responsable de mis pesares era yo misma pude reflexionar y empezar a soltarte, de una manera casi inconsciente, sutil… muy de a poco… me fueron cansando tus estados tan cambiantes de ánimo, tus idas y venias me dejaban cada vez más exhausta, deje de excusar tu falta de interés, tu egocentrismo, tus caprichos y tu capacidad de manipulación comenzaron a darme asco, todo lo que pensé que amaba de ti comenzó a cansarme… entonces sin darme cuenta te libere… de cuerpo, no de alma.

Simplemente deje de buscarte, de permitir que hicieras de mi lo que quisieras, deje de esperarte y pretender que cambiaras. El cariño sigue ahí, guardado en el baúl de mis emociones, probablemente te quiera por el resto de mi vida. Eso no lo sé, hoy te quiero, pero no te necesito… bueno en realidad debo de agradecerte por que aprendí estando junto a ti, a fin de cuentas, aprendí a quererme, comprendí que si no lo permito nadie va a poder herirme jamás, soy yo la única que decide quien entra en mi vida, y la que permite ser herida o no. Espero nunca olvidar esto que sin querer me enseñaste.

¡Gracias por cruzarte!

 

 

Por: Siliana Salvia.

Editado por: Sunky