La carta a mi hijo que nunca leerá

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Desde niña siempre pensé en ser mamá, desde que jugaba con mis muñecas me di cuenta del deseo enorme que tenía de experimentar esa aventura interminable de tener un hijo, cuando me enteré que venias en camino, mi corazón fue asaltado por la emoción más grande que jamás he sentido, sin embargo la dicha desapareció estrepitosamente seguida de una preocupación igual de fuerte, sabía que había fallado a mis padres, y que no lo tomarían a bien, tu papá y yo al entregarnos en nuestra pasión incandescente, platicamos de la posibilidad de que tu llegarás y él me afirmó que nada lo haría más feliz, fui descuidada lo sé, pero soy una mujer sin experiencia, que no comprendía bien lo que estaba por suceder.

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Contenta fui a contarle a tu padre que íbamos a ser papas, imaginaba una sonrisa enorme en su cara y quizás algo del desconcierto que yo sentía, pero nunca imagine que nos dejaría, dijo que su vida apenas comenzaba, que no estaba listo para anclarse a un hogar, que quería terminar su carrera y que yo era una egoísta por pedirle que dejara toda su vida por nosotros.

Mis padres también me voltearon la cara, se sentían indignados por lo que hice y me dieron un par de meses para que me saliera de la casa, no podía encontrar un trabajo porque estaba embarazada, tuve suerte en aquel lugar, donde no le dieron mayor importancia, aun bendigo a aquellas personas que más que mi familia, se compadecieron de nosotros. Trabajé muy duro para corresponder su bondad, pero el cansancio cada vez era más fuerte, mi espalda me mataba y al llegar a casa estaba sola, con apenas lo indispensable para vivir, me encontraba de espaldas al mundo esperándote, desafiándolo todo y contra todo para verte nacer.

No tenía nada preparado para ti que estabas a punto de llegar, para ti que siempre “pensé que te daría todo lo mejor del mundo”, o al menos que tendrías menos carencias que yo. Pero el dinero era escaso y apenas alcanzaba para sobrevivir, dentro de poco llegarías y no tenía nada preparado para ti.

Debo aceptar que incluso paso por mi mente el aborto, por un momento pensé igual que tu papá, pero no lo volví a pensarlo más, cuando escuché tus latidos por primera vez, en mi primer eco parecías la foto de un renacuajillo tomada en los años 50, derretiste mi corazón y solo quedo en mi la idea de que, aunque me costará la vida ibas a nacer, sabía que mi vida había cambiado, pero no fue hasta que te tuve en mis brazos que lo asimilé de verdad.

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Siempre supe que cuando llegaras a mi vida sería la bendición más grande, pero a veces las circunstancias pueden hacer amargo lo que debería ser el más dulce de los momentos, sé que la responsabilidad ha sido mía y de tu padre, escribo estas líneas porque de alguna manera tengo que sacar lo que llevo dentro, no tengo la intención de que leas esto nunca, pero ya que no tengo a nadie con quien compartir mi angustia, estoy flagelando este papel con mi pluma, con pensamientos y palabras que quizás nunca debieron pasar por mi mente, pero que desgraciadamente desgarran mi corazón y las pongo aquí para sellarlas.

Cometí muchos errores, pero no me equivoque en una cosa: eres la bendición más grande de mi vida, un pedacito de cielo, mi más grande amor, bendigo el día en que llegaste a mi vida, porque aun que ha sido la prueba más grande, eres mi mejor compañía y voy a cuidarte por siempre y para siempre, mi amor chiquito, verte sonreír me hace la mujer del mundo más feliz.

Autor: Sunky