La vida y el amor están en constante cambio. El secreto está en no aferrarse

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Si hay alguna ley en este mundo, si algo es constante y continuo, es el cambio. Esa es la lección más grande que quizá debemos aprender en esta vida, porque de ello depende, aunque muchos al principio no lo sepamos ver, nuestra salud emocional. Y en las relaciones amorosas aplica realmente al cien por ciento: el amor está cambiando todo el tiempo, por ejemplo, no puedes esperar que tú y tu pareja sean los mismos que fueron al principio, cuando recién se conocieron, porque las personas cambian, las dinámicas cambian, todo cambia.

Ciertas escuelas filosóficas de la antigua Grecia lo sabían muy bien, por ejemplo, es bien conocida la frase de Heráclito que dice:

“Nadie se baña en el mismo río dos veces, porque todo cambia en el río y en el que se baña”.

Y es verdad. Heráclito explica que las aguas del río ya no son las mismas, y que la persona ya no es la misma porque cada instante se está transformando en una persona nueva. Cada segundo es un paso al futuro, y nosotros mismos, con cada nuevo pensamiento, estamos siendo y estamos dejando de ser.

Entonces, el error más grande que puede cometer uno en la relación de pareja es aferrarse a la otra persona, porque el otro está cambiando todo el tiempo. Esto es vital entenderlo para evitar caer en la dependencia emocional o, incluso, en la codependencia.

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Te dejo este pensamiento de Walter Riso para que reflexiones al respecto:

“Esta impermanencia da miedo, y también es liberadora. Cuando vemos esta naturaleza impermanente en todo alrededor de nosotros, en nosotros mismos, en nuestras vidas… nos damos cuenta de que nos hemos estado aferrando a nada. Es como usar tus manos para agarrar el viento. Y este aferrarse, este intentar agarrar algo que nunca es igual, que nunca está quieto… esta es la razón por la que sufrimos. Esto es por lo que tememos cosas, por lo que procrastinamos y buscamos distracciones, por lo que nos estresamos, nos enfadamos y frustramos.

Este constante cambio, esta impermanencia y la pérdida que lleva consigo (estamos constantemente perdiendo la vida, perdiéndonos a nosotros mismos tal y como nos conocemos)… esto da miedo. Queremos que las cosas sigan igual y, sin embargo, nunca se quedan igual. Esto es por lo que sufrimos”.

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La clave para no sufrir, según este autor, entonces, está en vencer el apego a la estabilidad, una estabilidad que no existe, porque todo es, como él dice, impermanente. Hay que vencer nuestro miedo y así recuperaremos el control de nuestras emociones y de nuestra vida.

Hay que dejar de aferrarnos a la nada y comenzar a abrazar el cambio. Es para bien. Una vez que lo logremos, nos comenzaremos a sentir mejor con nosotros mismos.