Yo te amo pero tú estás obsesionado conmigo

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Te amo bien y creo que te lo he demostrado de muchas formas. He sido una novia cariñosa, detallista, fiel, leal, honesta y sincera contigo, me he esforzado por ser una mejor persona a tu lado, por mí, por ti y por lo nuestro, y sé que lo que siento por ti es amor porque no es un coctel de emociones bruscas y aceleradas, sino un sentimiento tranquilo, pacífico, bueno, noble, gozoso, libre y placentero.

Tú, en cambio, todo el tiempo te la pasas diciendo que me amas pero tus acciones y tus emociones dicen algo diferente. El “amor” (y lo pongo así entre comillas) que tú me tienes es intranquilo, inseguro, y requiere constantemente de la confirmación de mi amor para que tú te sientas bien. Lo que tú sientes por mí se llama obsesión, y no dudo que en algún rincón muy profundo de tu corazón haya algo de amor auténtico por mí, pero puede más tu apego y tu modo de ser me lo dice día con día.

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Se nota, mi amor, tu obsesión se nota a kilómetros de distancia. Literalmente. Lo noto, por ejemplo, con tu desesperación constante cuando no estamos juntos, esas llamadas o esos mensajes de WhatsApp tan frecuentes que me llegan a abrumar, como si no pudieras vivir sin mi presencia. Eso no es amor, en realidad estás luchando con un profundo temor al abandono.

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Y eso es lo más light que tu obsesión nos ha traído a la relación. Están, por ejemplo, tus exigencias de que justifique cada una de mis salidas, de mis movimientos, de mis acciones, como si quisieras controlar todo lo que hago. Al principio, recordarás, me pedías acompañarme a todo lugar a donde yo iba, y yo creía que era un lindo gesto de tu parte, pero oye, ahora ya casi lo siento como un acoso. ¡Sí, un acoso de mi propio novio! Porque no hay lugar a donde no quieras ir, aunque me hayan invitado sólo a mí, como a salidas de chicas con mis amigas. Y lo peor es cuando me sigues y te apareces “de sorpresa”.

Pero lo peor de lo peor es cuando te pones en ese plan chantajista cuando no cedo a tus caprichos de estar siempre contigo o complacerte en todo, diciéndome que sin mí tu vida ya no tiene sentido, que para qué continuar si no eres feliz, que es mejor morir, que vas a abandonar este mundo un día de estos. Entiende que no estás bien.

Creo que necesitas, necesitamos ayuda. Pero tienes que poner de tu parte, porque esta situación, definitivamente, no puede seguir así.

Autor intelectual: Esther Álvarez