¿A qué estamos jugando?

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Esto entre tú y yo ya no lo entiendo. No sé qué somos, no sé si nos queremos, no sé si nos amamos, sólo sé que nos deseamos con toda la pasión que es posible tener hacia una persona. Pero luego tú me dices que no quieres compromisos, que eres un hombre libre al que no le gustan las ataduras, y cuando apenas me estoy haciendo a la idea de que lo nuestro es tan solo una aventura, ¡zas!, me das la estocada por la espalda y me comienzas a decir que estás confundido, que tienes algunos sentimientos por mí que no logras entender, que sientes que me amas y que crees que podrías pasar el resto de tus días a mi lado. ¿A qué diablos estamos jugando, pues?

Eres un hombre encantador, no lo voy a negar, pero contigo no sé hacia dónde ir. Todo es incierto a tu lado, pues un día me amas con pasión y con locura y otro día sólo me quieres para desahogar tus instintos.

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Y lo peor es que también a mí me confundes, pues yo tampoco sé qué sentir hacia ti. Sé que me gustas… no, eso es poco decir, no sólo me gustas, sino que me fascinas. Eres un excelente amante, y no sólo eso, sino una persona muy interesante, muy inteligente, culto, buen conversador, contigo una definitivamente nunca se aburre. Por ese lado, eres la aventura perfecta y si algo siento por ti es un deseo irresistible de poseerte todos los días.

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Pero, por otro lado, no lo voy a negar, hay ocasiones en las que quisiera que lo nuestro trascendiera hacia algo más. No sé, nos veo potencial. Siento que podríamos ser una gran pareja si nos lo propusiéramos.

¿Qué es lo que nos hará falta? Quizá dejarnos de juegos infantiles y sentarnos un día a platicar seriamente sobre lo nuestro. Pero creo que tenemos miedo. Miedo de nuestros verdaderos sentimientos. Por eso, preferimos nuestro juego.

¿A qué estamos jugando? ¿A perdernos la oportunidad de construir un amor maravilloso? Porque creo que podemos hacerlo, podemos conjugar lo que ahora sólo tenemos por separado: pasión ocasional y un amor vacilante. Podríamos convertirla en pasión total y amor consolidado.

Pero eso depende de nosotros.

Si tan sólo dejáramos de jugar…

Autor intelectual: Paloma Bolaño