Con dignidad te digo adiós.

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Miro la ventana esperando verte, sí, aun tengo esa vaga sensación… Que pasarás a verme, que me extrañas así como yo he de extrañarte a veces, casi siempre. Eres ese recuerdo que me encanta tener y como no, si con tan solo verte mi sangre hasta mis pies llegaba, mi corazón al cien palpitaba sin querer, mordía mis labios al escucharte hablarme, tu cara, tu cuerpo, tu forma de mirarme, de abrazarme y esa forma tan tuya de estremecerme.

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Desbordábamos amor, al vernos; la pareja perfecta tú para mí y yo para ti, me encantaba tenerte se te notaba que me amabas, sin embargo,  a pesar de todo lo dicho decidiste irte y hacerme a un lado nunca entendí porqué y tampoco me dolió perderte, ¿Porqué? Te has de preguntar; muy simple de todas aquellas que llegaste amar fui yo quien entendió qué había dentro de ese infinito mar profundo de tu corazón; sé que te fuiste porque no pudiste con todo ese amor que era solo para ti con todo lo que tu sabias que podía hacer por ti y para ti y sin tanto alardear sabias que yo era perfecta para ti y te asusto lo que podría pasar.

Ahora solo veo por la ventana verte pasar, sin saludar, sin voltear con ella de la mano y me da gusto pensar que ahora sabrás apreciar lo que conmigo haz de desear y no podrás tener más.

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Sin celos ni envidias te he de mirar y con una gran sonrisa solo pasaras una vez mas, que la ventana quede como la última barrera entre ambos, nada me detiene para acercarme a ti, pero ya no es necesario, conozco el respeto y me limitare a mirarte desde lejos. Ya tuvimos nuestra oportunidad, no la supimos aprovechar.

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