Ahora que te olvidé, comenzaré a usar mis noches para dormir

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Ahora que te olvidé, el sol ha salido de nuevo en mi vida. Me siento otra, soy otra, definitivamente he cambiado para bien. Ya no soy la misma chica deprimida, que se la pasaba en vela llorando por tu amor ingrato. Ahora que te olvidé, he comenzado a usar mis noches para dormir, en vez de pasármela con insomnio por recordarte. Fue una batalla difícil, no te puedo mentir, porque tu presencia en mi memoria era bastante fuerte. Dejaste una huella difícil de borrar con tus besos, tus caricias, tus abrazos, tus palabras dulces que al inicio me emocionaron bastante y que luego me fui dando cuenta que eran solamente una fachada, uno más de tus engaños. En fin, aunque fue duro al principio, cada vez se fue haciendo más fácil, porque me fui armando de valor, mi autoestima fue creciendo y fui descubriendo una fuerza interior que no sabía que tenía escondida en mí. Todo ello me ayudó a superar tu ausencia. Y ahora, felizmente, te he olvidado.

¿Cómo fue que te pude olvidar si te quería demasiado? Fácil. Tu ausencia llevó mi cariño por ti a unos límites que ya no pude soportar, me llevó a un abismo del que ya no pude caer más abajo, y cuya única opción era comenzar a ascender, es decir, comenzar a olvidar. Me di cuenta que no valías tanto cariño; tantas lágrimas gastadas eran mucho precio a pagar por tan poco hombre. Te convertiste en una oración que se pronuncia sin fe, en un sol eclipsado, en una triste tarde de lluvia en la que no cargaba paraguas; eras más una carga para mí que un alivio, más un tormento que una dicha, por eso no tuve más remedio que comenzar a olvidarte, y heme aquí, lo logré, vencí a los demonios de tu recuerdo y estoy más contenta que nunca.

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Estoy tan segura de haberte olvidado, que si vuelves a tocar a mi puerta y me dices que me extrañas, que me has soñado, que deseas que te perdone y que quieres intentarlo una vez más, te diría las palabras que Edgar Allan Poe inmortalizó en una de sus mejores obras: “nunca más”. Así es, nunca más, nunca más a tus caprichos, nunca más a tus maltratos, nunca más a tus celos enfermizos, nunca más a tu falta de atención, de cariño, de ternura que yo tanto necesité de ti y que poco a poco me fuiste negando mientras te ibas transformando del hombre ideal que me enamoró en el ser despreciable que me hizo correr por mi vida.

Sí, no lo niego, te amé, quizá como nunca a nadie había amado hasta entonces. En poco tiempo te convertiste en el amor de mi vida y te di todo lo que una mujer puede entregarle al hombre de sus sueños. Todo te lo di y no lo supiste valorar, así que no tuve más remedio que mandarte a volar, con todo y que aún tenía ese sentimiento de amor por ti.

Pero heme aquí, feliz de haberte olvidado, con la memoria libre de tu presencia. Antes me la pasaba en vela, sufriendo por tu amor. Ahora que te olvidé, comenzaré a usar mis noches para dormir y descansar tranquila.