Carta al hijo que abortaré

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Mi pequeño bebé: Te siento dentro de mí. Te siento en el hambre voraz que me invade y en el cansancio que me pega últimamente. Lamento no sentir la dicha que se supone deba sentir porque estás aquí, creciendo en mi interior.

Desgraciadamente, tengo que despedirme de ti. Me entristece saber que nunca te conoceré. Tal vez, quién sabe, tendrías mis ojos, mi nariz o mi sonrisa. O tal vez tendrías los ojos de aquel hombre malvado que me forzó a estar con él. Estás muy pequeño para saber qué es una violación y no te lo quiero explicar ahora.

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Qué más hubiera querido, bebé, que hubieras sido feliz, que hubiera podido ofrecerte una familia, con un padre y una madre que te quisieran y te recibieran con los brazos abiertos cuando tú nacieras. Pero no es posible. Quiero que comprendas que no puedo ser tu madre ahora. No estoy lista; las circunstancias me obligaron a concebirte y las circunstancias me obligan hoy a decirte adiós. Estoy creciendo, desarrollándome como persona, aprendiendo de la vida, y no sería justo que una persona inexperta e inmadura como yo fuera tu madre. Y, sobre todo, no sería justo que vinieras a este mundo a tener una madre acosada por el fantasma de una terrible tragedia como la que me sucedió con tu padre.

Yo quiero que seas feliz, mi bebé. Y, ¿sabes? Te prometo que este no será un adiós para siempre, porque le pediré a Dios que guarde tu alma para la próxima vez, cuando ya esté lista, que me embarace, y la deposite en el bebé que tendré, así podremos vernos de nuevo y entonces sí te podré tener y tú podrás llamarme mamá.

Quiero que sepas que te amo mucho, mi bebé, pero tendremos que esperar para vernos nuevamente. Por ahora, lo mejor será que esperemos, porque definitivamente a ninguno de los dos nos conviene conocernos en estas circunstancias.

¡Hasta pronto, pequeño!

Autor intelectual: Anónimo