Amigo mio.

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Llevaba ya un largo tiempo de soltería, estaba acostumbrada a andar de fiesta en fiesta, nada ni nadie me llamaba la atención. Era feliz sola, por mi misma, con mis amigos y mi familia. Venía de relaciones fallidas, los hombres se habían encargado de darme una lección bastante severa por lo que decidí no intentar nada con nadie nunca más. Comprendía que era mejor sola que mal acompañada. No creía en nadie, no confiaba en nadie y esa era mi vida luego de dos amores que me rompieron el alma. Y de la nada, luego de un lapso bastante largo apareciste nuevamente con tu sonrisa intacta e imborrable de tu rostro que, siempre irradiaba paz y tranquilidad. Hacía mucho que necesitaba ese hombro en donde apoyarme cada vez que a mis lágrimas se le antojasen salirse de su lugar de hábitat. Te conocía hace ya bastante tiempo y desde la primera vez en que intercambiamos palabras me pareciste una persona grandiosa. Recuerdo perfectamente el por qué de tu desaparición pero no pensaba decirte nada, yo comprendía tus razones, pues te habías enamorado.

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Volviste, sí, y no sabes cuán feliz me hacía eso. Volvimos a lo de antes, éramos grandes amigos que tenían demasiadas cosas para Compartir. Adoraba nuestra amistad y te adoraba a vos también, pues te encargaste de enterrarte en cada rincón de mi corazón. Un día como cualquiera, ambos nos sinceramos y que pasó? Nos dimos cuenta de que más allá de esa “amistad” las ganas de que pasase algo SIEMPRE estuvieron. Sabíamos que estaba mal, pues siempre fuimos amigos de esos que se contaban millones de cosas. Creímos que sería fácil controlar las famosas ganas que descubrimos después de tanto tiempo pero no fue así, una tarde nos dejamos llevar.

Nos olvidamos del mundo, nos olvidamos de lo que en verdad éramos. Sólo fuimos nosotros en una habitación de cuatro paredes a puertas cerradas. Pasó lo que tuvo que pasar y lo que ambos quisimos que pasara. Desde un principio las cosas habían comenzado mal, éramos conscientes de lo que habíamos hecho y también de que ya nada sería lo mismo; aún sabiendo eso decidimos Seguir. Pues éramos dos grandes amigos para el mundo entero pero nosotros sabíamos que pasó y pasaba algo más. Esa era nuestra relación, seguíamos siendo amigos pero si las ganas aparecían nos encargábamos de hacerlas desaparecer.

En lo más profundo de mi alma yo sabía que lo que hacía estaba mal, que en cualquier momento sería la que terminase queriendo algo más. Comencé por confirmar mis sospechas cada vez que él me contaba algo y sin darme cuenta mi cabeza comenzaba a maquinar y sentía, celos tal vez? No lo sé, en ese momento lo único que debía saber era que estaba rompiendo con nuestro contrato.

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Trataba de hacer que nada me afectara pero eso cada día se volvía más difícil. Acaso me estaba enamorando? No, eso era algo que no debía pasar. Yo era una chica que no quería que volvieran a romper su corazón pero ahí estaba fantaseando cosas que jamás pasarían. Era estúpido negar que adoraba a ese chico, pues era lo que siempre había buscado, pero algo andaba mal. Pues claro, siempre fuimos amigos y lo seguíamos siendo. Fue justo ahí cuando hizo su aparición mi “yo interior” fría e insegura, la que ya estaba quedando atrás luego de tantos chamuyos elegantes, ella se encargó de poner orden en todo mi ser.

Se encargó de enterrar todos esos sentimientos que estaban apareciendo, ella abrió mis ojos y me hizo ver la realidad. Nunca pasaría algo más. Y aquí estoy totalmente completa gracias a aquella mujer fría y dura que apareció de golpe en mi interior. Esa es y era la verdad, no importa lo que pasó lo que pase o pasará él siempre será mi amigo y nada más.

 

Por: “Franca Juarez