Voy a escuchar más a mi cerebro para proteger a mi corazón

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Ya estoy cansada de que me rompan el corazón una y otra vez. He desperdiciado océanos de lágrimas en hombres que no lo valían, todo por mi estúpida costumbre de hacerme ilusiones. Ya basta de estarme autocompadeciendo, esto no es vida, me he dedicado a sufrir y a padecer el mal de amores cada vez que me enamoro y eso no está bien. ¿Por qué no está bien? Porque doy todo y no recibo nada a cambio, o recibo sólo migajas. Soy capaz de dejar lo que estoy haciendo, por más importante que sea, con tal de atender a la persona que amo, pero nunca recibo esto a cambio, a mí nadie me atiende de esta forma, a mí nadie me ama de esta forma. Yo sólo sé de rechazos, de malas actitudes o de acercamientos interesados, como aquellos hombres que sólo me buscan para satisfacer sus más bajos instintos y luego me botan como si fuera su juguete. ¡Pero ya basta!

Basta de ser una persona tan cariñosa, tan sentimental, tan amorosa, tan cálida, tan comprensiva, tan romántica. Basta de enamorarme con una ilusión en el alma. Basta de tener sentimientos hermosos y entregarlos a un hombre cruel para que los destroce y los haga añicos. Estoy cansada de pertenecer a esa clase de personas que anhelan tener un amor con quien compartir experiencias dulces y bellas, porque yo sé bien que eso no trae más que desilusión, desengaño y un paulatino desencanto por las cuestiones románticas.

Desde hoy, voy a escuchar más a mi cerebro para proteger a mi corazón. Seré lo que nunca fui: suspicaz. Sí, porque en mis anteriores relaciones nunca sospeché de ninguno, siempre les entregué mi confianza así sin más, y mira cómo me fallaron. Así que ahora seré la persona más desconfiada del mundo. Sólo habrá una persona en la que confiaré totalmente: en mí misma. Sólo habrá una persona a la que toleraré totalmente: a mí misma. Sólo habrá una persona a la que le entregaré mi amor por completo: a mí misma.

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De ahora en adelante, aplicaré la regla de oro a mi manera: trataré a las demás personas no como quisiera que me trataran, sino como me traten. Así, si alguien me trata amablemente, le corresponderé de igual manera. Pero si alguno me da una bofetada, que ni crea que le voy a poner la otra mejilla, porque desde hoy seré de las mujeres que la regresan y la regresan doble. Y otra cosa, seré muy cautelosa a la hora de dar el beneficio de la duda. No todos lo merecen. Según lo que he aprendido en estos años de experiencia con los hombres, lo que piensas de ellos y lo que sabes de ellos son dos cosas diferentes. Solemos basar nuestras relaciones humanas en la confianza, pero la experiencia me dice que la mayoría de esas relaciones están basadas sobre un considerable cúmulo de mentiras, algunas de ellas inofensivas, pero muchas de ellas muy serias y peligrosas, que, de saberse, podrían hacer tambalear los pilares de la relación. Es por ello que mi desconfianza no es gratuita, no. Tiene sustento.

Por eso, en conclusión, dejaré de basar mis relaciones en el sentimentalismo y comenzaré a ser más cerebral. Suena duro, y quizá algunos no alcancen a comprender cómo es que una mujer puede volverse tan distante emocionalmente. Algunos me llamarán fría. Pero creo que es la única manera de sobrevivir en esta jungla de hipocresía, mentira y traición.