Esta fuerte reflexión hará que cambies todo lo que pensabas acerca de arreglarte

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Realmente me impresiona cómo es que la sociedad nos manipula desde el nacimiento hasta nuestra muerte, imponiéndonos estereotipos que nosotros no elegimos pero a los cuales nos debemos ajustar para formar parte de lo establecido. Estoy hablando, desde luego, de los cánones de belleza a los que las mujeres estamos sometidas a diario y que gracias a los medios de comunicación estamos obligadas a seguir para “encajar”. No importa cómo seamos, bajo los esquemas de la cultura dominante nunca seremos perfectas y siempre necesitaremos de algo externo a nosotras para volvernos mejores.

El más claro ejemplo de esto es el maquillaje y todos aquellos productos de belleza que las mujeres acostumbramos comprar y ponernos para “arreglarnos”.

¿Te has dado cuenta de lo denigrante que es la palabra “arreglarse”, en el sentido de verte bonita y maquillarte? ¿Cuál es el significado de la palabra arreglar? Arreglar es mejorar o reparar algo que no se encuentra en buen estado. ¿Te das cuenta? Nos están enseñando que las mujeres debemos repararnos porque estamos mal, que debemos embellecernos porque somos feas, que una mujer maquillada vale más que una mujer al natural.

Hasta hace poco no me había dado cuenta de que a las mujeres nos rigen unas reglas muy estrictas sobre cómo debemos lucir. Nunca somos suficientes: ni suficientemente bellas, ni inteligentes, ni suficientemente dignas de ser tratadas como seres humanos. El término “arreglarse” lo dice todo: necesitamos reparar lo que está mal en nosotras para que los demás nos acepten.

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Se nos enseña, lamentablemente, que las mujeres no tienen valor por sí mismas, sino que valen en la medida en que sean útiles: útiles para la mercadotecnia, para el mundo de la moda, para la industria… hemos sido reducidas a meros objetos al servicio de estos rubros.

Ya no importa el interior de las personas ni su valor intrínseco, sino su valor como mercancía: la sociedad nos califica de acuerdo a cómo nos vendemos, a nuestros atributos físicos y a cómo los “mejoramos”. Vivimos en un mundo de hacer por hacer, vender por vender, en el que nos inculcan necesidades falsas para que podamos consumir lo que nos ofrecen, aun cuando se trate de cosas que no requerimos en verdad.

¿Te has puesto a pensar cuándo fue que un lipstick o un rimmel se volvieron tan indispensables para la mujer?

Estamos sumergidas en un mundo en el que lo superficial lo es todo. Es un mundo de las apariencias. Vivimos para aparentar: aparentar que somos personas de éxito, que lo tenemos todo, que somos bellas, que tenemos el cuerpo perfecto, que nuestro cabello es fenomenal, que nuestros labios son los más grandes y nuestros ojos los más hermosos. Por eso usamos maquillaje, porque nos enseñaron que las imperfecciones son malas, que tenemos que ser perfectas y bellas siempre para agradarles a los demás.

Así, la sociedad condiciona nuestra felicidad a ser iguales a los demás. El maquillaje es como un uniforme que todas las mujeres debemos ponernos para ser aceptadas, porque andar sin maquillaje es como andar desnudas. Pero al maquillarnos nos despojamos de nuestra autenticidad, de nuestra propia esencia, y nos volvemos seres sin originalidad.

Los estereotipos de belleza que dictan los grandes medios de comunicación son difíciles de conseguir. Se nos exige ser delgadas, refinadas, tener senos y un trasero firmes y bien redondeados. Las que cumplen con estos requisitos la tienen un poco más fácil, pero tienen que conformarse sabiendo que la gente solamente las busca y las acepta por estos atributos y no por lo que valen en sí mismas. En cambio, las mujeres que no cumplen con este estándar están destinadas a deprimirse y a vivir constantemente frustradas, y es ahí donde los grandes medios aprovechan para meternos en la cabeza toda clase de publicidad para “arreglar” lo que está mal en nosotras. Los productos para bajar de peso son el mejor ejemplo de lo que hablo.

Afortunadamente, no todo está perdido. Cada vez más mujeres se están dando cuenta de que no vale la pena darles vida a estereotipos de belleza absurdos. Muchas mujeres están decidiendo no ser esclavas del rimmel y el lipstick para esconder su originalidad y nulificar su propia belleza verdadera, la de ser auténtica.

Es muy importante dejar de usar el término “arreglarnos” cuando nos cambiamos de ropa y nos maquillamos, como si estuviéramos reparando algo que está mal en nosotras. No hay nada malo en nosotras, todas somos bellas a nuestra manera y nadie nos tiene que venir a imponer un estándar inalcanzable solamente para vendernos productos que prometen “arreglarnos”.

No digo que ya nunca nos maquillemos, sólo digo que no lo hagamos porque nos consideramos imperfectas. Nuestra esencia es perfecta, y también nuestro físico, con todo y esos detalles que no nos gustan porque nos han dicho que no nos deben gustar. Quiérete y ámate a ti misma así como eres, y dile no a los falsos estándares de belleza impuestos por los grandes medios de comunicación.