Tu perro es el único ser que te quiere más que tú mismo

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Sinceramente no me declaro fanática de las ¨mascotas¨, aunque yo prefiero decirles amiguitos perrunos. Tal vez mi desinterés se debiera a que toda mi infancia la pasé con un hermoso pastor alemán al cual después de diez años alguien decidió que envenenarlo era lo mejor, cuando él a nadie había lastimado, todo lo contrario siempre le hizo honores a su nombre… Campeón. Solía cuidar toda la cuadra entera y le ladraba solamente a las personas sospechosas, pero siempre, siempre fue un amor. Un amigo incondicional al cual decidí nunca remplazar. Su perdida me dolió como nadie se pudiese imaginar. Cualquiera podría decir despectivamente que solo perdí una ¨mascota¨, yo puedo decir que perdí a mi mejor amigo.

Y no por no ser amante de los cachorros es que me dediqué a maltratarlos. No hay nada más desagradable que ver a un ¨ser humano¨ maltratando a un ser vivo, me pregunto ¿Dónde queda su humanidad?, que irónico que en algunas personas no haya una pizca de racionalidad. Más irónico aun el que algunas personas juzguen y señalen a los caninos dependiendo de su raza: ¨esa raza es muy peligrosa y brava, pueden ser fieles al principio pero está en su naturaleza el ser bestias¨. Y a estas personas ¨ignorantes¨ es que les pregunto: ¿entonces los ladrones, secuestradores, violadores, matones, etcétera también lo traen en su naturaleza el ser unos delincuentes? Y habrá quienes piensen que no hay similitud ni comparación, pero la hay.

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Tantos los seres humanos como los seres vivos (en este caso enfocándonos en los cachorros) necesitamos de EDUCACIÓN. No me refiero a la que imparte un plantel educativo sino aquella que se inculca en el hogar. Dicha educación debe promoverse con amor. Si tan solo las personas se dedicaran a repartir un poquito más de amor, seriamos un mundo completamente distinto. Las personas mencionadas anteriormente carecieron de dicha educación y de dicho amor, por eso la razón de sus malas decisiones y cabe mencionar que no es un justificante, al final de cuentas cada uno es responsable de sus actos, pero quien no fue criado con amor ¿qué puede ofrecerle a los demás?

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Lo mismo pasa con nuestros amiguitos perrunos, a los cuales si no cobijas con amor y no les enseñas como a un pequeño entre lo que está bien o mal, él no tendrá mucho que ofrecer al llegar a la adultez. ¡No los subestimes! Son sumamente inteligentes y con amor ¿a quién se le dificultaría aprender algo?

No hay razas de perros bravas, sino dueños muy ignorantes. Aun no entiendo porque continúan mutilando a ciertas razas. Si desean asustar a alguien entonces los invito a cortarse las orejas y la cola (espero que toleren el dolor como lo toleran esos pequeños valientes). Ya basta de tanto salvajismo. Ellos son perfectos, no necesitas modificar nada en ellos. Inclusive si alguno no tuviese una de sus patitas, o tuviera ¨mocha¨ su colita o una orejita o quizás cojeara de alguna patita ¡no discrimines por favor! Bríndales todo tu amor y te ganaras a un fiel amigo y compañero de vida, ¡te lo aseguro!

Y es que acaso ¿crees que ellos buscan defectos en uno? Por supuesto que no, ellos llegan a ver y sentir admiración por su dueño. Ven a ese ser maravilloso y ¿por qué no esmerarnos por ser lo que ya somos para ellos? ¡Se lo merecen! Merecen ser amados, protegidos, acobijados y cuidados. Ellos te aman más de lo que llegas a amarte tu mismo. Se crean expectativas muy altas de ti, ¡no los defraudes!

¡No son objetos! Son seres que sienten y la mayoría de las veces resultan mucho más sensibles que un ser humano. Ellos sienten tu tristeza, tu dolor, tu enojo, tu alegría y tu preocupación. Basta que les prestes atención para que lo confirmes. Si tu estas feliz, él seguramente lo notará y querrá jugar contigo y moverá su colita como sinónimo de que le has contagiado tu felicidad. Si te ve decaído optará por echarse a un lado de ti o quizás en tus piernas o pies y estará en silencio y ¡créeme! Ese silencio te dirá que todo estará bien, que él está contigo. Si tú muestras dolor o quizás fue el mismo quien te causó una herida que te propicia dicho sentir, te lamerá tratando de quererte sanar, ofreciendo así una disculpa, la más sincera que no recibirás jamás. Y cuando sienten tu enojo simplemente se apartan o se muestran antipáticos, porque saben que en algún momento querrás explotar y son tan inteligentes que sabrán que darte tu espacio es su mejor opción.

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Yo he podido descubrir que son los amigos más fieles, no te piden nada a cambio y sin embargo lo merecen todo. Desde que ha llegado a tus manos merece que lo trates con amor. Que tengas con él los debidos cuidados, que lo alimentes y le consultes su salud las veces que sean necesarias. Necesitan atención y por supuesto que de tu tiempo, de tus mimos, de tus juegos y apapachos.

Ahora es que puedo comprobar que nunca se remplaza a un amiguito perruno, ¡nunca! Pero suele pasar que llega a tus manos un ser pequeñito e indefenso, uno que te provoca el querer cuidarlo y protegerlo. Así es como llegó mi segundo mejor amigo, mi hermoso pitbull blue. No hicimos buen click el primer día; él tenía miedo y yo me negaba a volver a aceptar a otro perro (aunque me sentía entusiasmada con su llegada pero no lo demostraba). Y con el pasar de las horas y los días me fui enamorando poco a poco de él. Como no queriendo se me metió en el corazón. Salía a verlo y me movía la colita como sinónimo de que estaba alegre de verme y no podía evitar el quedarme un momento con él jugando y riendo de lo inocente que puede llegar a ser. Y es que ¿quién no ha hecho travesuras con su amigo perruno?, al menos yo bailo con el mío ¨el mono de alambre¨ y a él no parece disgustarle. Ya ha aprendido a pararse en dos patitas y a saltar como si fuera un pequeño venadito. Le hemos puesto nombre y yo le he apodado y parece más feliz con su apodo aunque no es el más bonito del mundo pero es nombrado con mucho cariño y eso, lo siente él.

Y es que desde que llegó a casa temeroso con sus enormes ojos azules y en cuestión de días puso a todos en revolución, no pude evitar el encariñarme con él. No hay nada mejor que darle los buenos días y te menee la cola un buen rato como deseándote que te vaya bien. No hay nada más acogedor que volver del trabajo y que te reciba él con sus ladridos, sus mordiscos y con esa colita que pareciera que se le puede caer (de tanto menearla). Y no hay nada que saque más sonrisas (después de un ligero enojo) que mirar algunos de tus zapatos todos mordisqueados o babeados o regados y cuando volteas a verlo a él e inclusive le regañas, ver cómo pone su cara de ¨yo no fui¨, aunque está más que claro que ha sido él. Pero se termina salvando porque su rostro te expresa tanto que solo puedes terminar sintiendo ternura como cuando un chiquillo hace alguna travesura.

Ni que decir cuando te sueltas hablándole como si él te fuese a contestar con palabras, ¡te entiende muy bien! Pero solo optará por ladrarte o mirarte fijamente y posiblemente piense una de dos: ¨¡qué jodido está mi dueñ@! o ¡cómo no se me ocurrió antes!¨ y esa es la mejor parte, porque jamás te juzgará, él simplemente te amará de una manera incondicional y tendrás de él lo mismo que tú le des.

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Yo no sustituí ni remplacé a mi mejor amigo, yo solamente quise darle cobijo y las atenciones adecuadas a ese ser tan pequeñito que cayó en mis manos pero sin poder evitarlo se ganó un gran espacio en mi corazón. Ahora vuelvo a tener un gran amigo. Tenerlo implica una gran responsabilidad que estoy dispuesta a asumir. ¿Por qué los humanos no podremos ser más perrunos a veces? Creo que de serlo predominaría el amor, la fidelidad y la lealtad.

Me encantaría decir que estas líneas las he escrito con él a mi lado mordiendo mis zapatos. Lo cierto es que ese gran amigo ahora lucha por su vida. ¡Es todo un valiente! No importa cuán mal se encuentre, se pone de pie para que lo miremos bien. A veces la gente considera ¨tontos¨ los lazos entre un animalito y un ser humano, pero lo que yo sé es que ese cachorro me ha enseñado tanto en tan poco tiempo. Ha logrado tocar las fibras más sensibles de mi ser y lo único que deseo es que se recupere y vuelva pronto a casa. Deseo verlo corriendo tras de mí, mordiendo todo a su paso y jalando su cobijita (con la que suele dormir) para echarse a un lado de mí. Y es que corto o largo el trayecto que perduren en tu vida, los amiguitos perrunos dejan una huella imborrable y un sentimiento muy inexplicable.

Quien nunca ha tenido la dicha de compartir sus días con este gran ser, se ha perdido de saber lo que es el amor puro, sincero e incondicional. No son solamente el mejor amigo del hombre, lo son del ser humano. Edúcalos con amor y no sabrán más que dar otra cosa que no sea eso. Son parte de la familia, ¡ámalos! No maltrates, no abandones y no mutiles, ¡cuida de ellos!

Él es tu amigo, tu compañero, tu defensor, tu perro. Tú eres su vida, su amor, su líder. Él será tuyo siempre, fiel y sincero hasta el último latido de su corazón. A él le debes ser merecedor de tal devoción.

 

En honor a mi guerrero… Pistón (Kakitas)

Autor: Stepha Salcas