Tal vez te perdí, pero me encontré.

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No te voy a mentir, he pensado en ti. Aún hay noches en las que me invaden los recuerdos y siento un repentino impulso de buscarte y hacerte saber que aún no has desaparecido de mi vida. Pero no te confundas, no quiero que vuelvas.

Cuando el impulso pasa, y reflexiono, me doy cuenta que no te extraño a ti; extraño sentir esas ganas de dar todo por alguien, extraño querer hacer feliz a alguien, extraño amar.

Porque si hay algo que me costó trabajo querido, fue dejarte de amar y mi diario y mi almohada fueron testigo de ello.

 Caray! No había cosa que yo no hubiera hecho con tal de verte feliz, te entregué todo y desgraciadamente llegué a convertirte en el centro de mi mundo. Siempre intenté hacerte sonreír y no me di cuenta que estaba olvidando que yo también debía hacerlo. Y finalmente no fue suficiente para ti, de pronto decidiste que ya no querías seguir a mi lado, fue entonces que perdí mi dignidad y te supliqué que no me abandonaras, yo en verdad creía que ese amor valía la pena, no podía resignarme a olvidar planes, sueños, momentos y hacerme a la idea que jamás sucederían.

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Pero mis lágrimas no te conmovieron, dijiste que me querías pero probablemente no lo suficiente para continuar, y que debía aceptar que ese era el final. Lo último que te dije fue que recordaras que te amaba, pero que no siempre iba a ser así, tu asentiste con la cabeza y dijiste sin siquiera mirarme a los ojos “Lo sé, y yo aceptaré las consecuencias de mis decisiones”.

 Mi mundo se vino abajo, lo que había sido mi vida entera por años se derrumbó y de pronto en la soledad me di cuenta que estaba perdida. Quien era yo? Donde estaban mis amigos? Mis metas? Mis propios sueños? De todo, tú eras la respuesta.

 Intenté buscarte, mantenerte en mi vida… pero solo recibía desplantes y respuestas que me dejaban ver que claramente estabas mejor sin mí, al fin libre! Salías cada fin de semana, tomar, fumar, la rutina que siempre quisiste llevar y que “yo nunca te dejé”.

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Pasaron meses, antes de que yo pudiera ver la realidad. Empecé a salir con amigas, disfrutar a mi familia, retomar mis antiguas pasiones… y entonces me encontré. Y me di cuenta que soy una persona completa, que merece un amor integro, no a medias. Que solo me estaba conformando con migajas y no había ninguna razón para hacerlo! Y entonces cuando empiezo a sonreír de nuevo… regresas.

Y no querido, la respuesta es NO, no tengo ganas de pasar noches llorando porque no contestas mis mensajes, no tengo ganas de cambiar con tal de complacerte, no tengo ganas de luchar de nuevo, porque se que a mitad de la batalla me encontraré sola de nuevo. Así que ahora soy yo la que te pide que “aceptes las consecuencias de tus actos”, porque tal vez te perdí, pero me encontré.

Por: Daniela Alessandra Posadas Torres