Aprendí porque perdí un amor.

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Aprendí, aprendí tantas cosas en este último tiempo, y siento que crecí.

La vida me golpeo muy fuerte…tal vez… donde más me duele…

Pero aprendí porque perdí un amor…pero no se fue mi vida con él, aprendí que una discapacidad te causa un terrible dolor pero te da la lección más grande de tu vida, y que si hay voluntad se puede superar aunque al principio parezca que el mundo se va a derrumbar, que nuestros seres queridos no son inmunes ni eternos… que a veces estamos en soledad, aun estando acompañados.

Que hay otras formas de amar y de sentirse amado, que soltar y saber renunciar no es bajar los brazos, que las familias no son perfectas, que algunos  amigos que creímos eternamente incondicionales, pueden dejar de serlo, que el trabajo es solo eso, “trabajo” y que dejar más de la cuenta no lo hace proporcional ni suficiente, que no es tan importante la mirada del otro ni mucho menos la opinión, que es imposible tener la aprobación de todos y que más imposible es conformar y ayudar a todos, que hay amigos fieles que te acompañan y no siempre son los que conocemos desde la infancia, que hay mucha gente dispuesta a dar sin la necesidad de mendigar, que enojarse y poner límites es tan sano como amar, que amarnos a nosotros primero no es ser egoísta sino es cuidarse, que el respeto y la confianza van de la mano, y que sin “verdad” no se puede construir ni sostener nada, aprendí que el silencio lastima “tanto” o “mas” que una palabra.

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Aprendí que los ideales no son tan buenos, que hay mucha gente con afán de aparentar generosidad y te quita más de lo que te da, que lo barato y cómodo puede resultar muy caro e injusto, que equivocarse también está bueno, que siempre acerté al creer que en la vida lo material ayuda pero no lo es todo, que nadie da sin esperar algo a cambio, que amor no es sinónimo de ceder ni de renunciar, aprendí a soñar cosas nuevas, aprendí a renunciar a algunos  sueños, pero a pesar del sabor amargo, me quede con paz en el corazón porque me lo jugué todo, porque no mezquine esfuerzo ni dedicación ni mucho menos amor, aprendí lo que es sentir frustración, pero también aprendí que las frustraciones son grandes maestros, aprendí que de los escombros puedo levantar fortalezas… y que no me arrepiento ni reniego de mi pasado, aprendí a mirarme y a reconocerme y con eso a  admitir mis defectos y mis errores y descubrí que no puedo ser perfecta, pero lo más importante es que los estoy pudiendo remediar “con mucho esfuerzo”.

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Que también tengo muchas virtudes…y  que hoy soy parte del producto de todo ese combo que describí en mi…y que me siento feliz porque a pesar del dolor, de las tristezas,  de las lágrimas, de las perdidas, de los errores, de los aciertos, de mi lucha, de mi perseverancia, de mi constancia, de mi suerte y mi destino y del amor de mis hijos…soy esto!!!

Me siento orgullosa porque tengo la dicha de mirarme  al espejo y de seguir siendo una soñadora de seguir luchando, de  seguir caminando con la frente en alto, siento orgullo al mirar a mis hijos y  ver que a pesar de todo brilla en sus ojitos la alegría y los buenos valores y que aunque parezcan tan frágiles son dos robles, tengo su fe y su confianza, y eso trae sueños nuevos, metas nuevas y ganas de ser cada día mejor.

Pero sobre todo de seguir aprendiendo.

Por: Mariana Rodriguez