Él había puesto tres puntos suspensivos a la historia, pero ella borro dos.

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El creía que tenía el poder para decidir cuándo jugar y cuando querer, pues bien sabía que ella lo amaba tanto hasta el punto de ceder.

Así lo hizo tantas veces, se fue más de una vez, pero siempre había de volver, con la sonrisa perfecta, con las palabras correctas que la volvían a convencer.

La hizo caer en el abismo, la hizo desconfiar de sus posibilidades, de todo lo que ella era capaz de ser, la hizo dudar de si misma, de su seguridad, de su fe.

Y sin embargo un día ella se cansó de entregarlo todo y no recibir nada de él, de sentirse utilizada, de saber que había perdido su dignidad por alguien que nunca la valoraría, por alguien que solo pensaba en él.

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Ella comprendió que el cariño que él sentía era volátil, tan frágil, no podía llamarse amor, así que un buen día se armo de valor.

Ella se prometió ser fuerte para no volver a caer, si bien es cierto que lo amaba, por fin entendió que el amor debe empezar por uno mismo y no depender de alguien más para estar bien.

Como era de esperarse, el volvió otra vez, con cínicos perdones, con mentiras que ella ya no iba a creer.

Él nunca imagino que ya no tenía el poderla convencer, pues ella se había quitado la venda de los ojos, ella había decidido comenzar de nuevo ya sin él.

Ella le dio un adiós definitivo, ella no estaba dispuesta a sufrir otra vez, así que le devolvió las promesas, y le pidió que no se atreviera a buscarla, ni a irrumpir con su calma

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Cuando la vió perdida, el no supo cómo hacer, se dio cuenta de lo mucho que la amaba, pero ya era tarde, pues ella no lo quería volver a ver.

Y así pasó, él creyó haber puesto tres puntos suspensivos, pero ellas con toda firmeza, borro dos.

Escrito por:    Señorita Libélula.