Qué placer que me importen solo a los que yo les importo

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Resulta realmente desconcertante mirar atrás y darnos cuenta de todo el tiempo que hemos malgastado tratando de conseguir  la aprobación de otros; tratando de conservar el amor e incluso las amistades. A  veces nos damos cuenta tarde de que el tiempo es nuestro mayor tesoro, que la vida se escapa en un abrir y cerrar de ojos.

Cuando lo descubrimos, seguramente nos encontramos dolidos, amargados, confundidos, pero con el paso del tiempo y ya con menos coraje, descubrimos que todo esto nos ha hecho madurar, y muy pronto todo queda en el olvido, que cada tropiezo se puede superar.

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Resulta que cuando la madurez llega, los rencores son menos recurrentes, aprendemos a perdonar con mayor facilidad y a olvidar para vivir libres, sin nada que nos ate a lo que antes nos hirió,  aprendemos también a cerrar ciclos, a levantarnos de las caídas y sin miedo, volver a emprender el vuelo.

Cada error nos enseña una lección,  cada error nos va colocando en el camino correcto, con las personas indicadas, nos enseña a  valorar lo que tenemos y a valorar el amor en forma proporcional a la forma en que  lo recibimos.

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Cuando maduramos, aprendemos a enamorarnos de nosotros mismos, cada día un detalle nuevo, cada día una sonrisa, estar en armonía, nos lleva a estar en sintonía con el mundo entero, a valorar lo bueno y a desechar lo que nos hace daño.

Aprendemos también a darle a cada quien el lugar que merece, a querer a quien nos quiere y a luchar por quien lo merece.

Y es que la vida es tan corta que es hay que aprender a decidir con quien  compartirla, a quien debemos regalarle nuestro tiempo y con quien compartir nuestras sonrisas.

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Todo esto pasa después de algunas decepciones, de incontables desilusiones, pero sin duda todo esto nos vuelve conscientes, aunque un tanto impacientes; nos hace saber con quien sí y con quien nunca más.

No me desgasto más; que placer poder decir que solo me impartan las personas a las que les importo yo.

Referente a esto, he encontrado un texto de una mujer que me parece sumamente inteligente.  Me uno a su ideología, pues a mí como a ella,

 ya  no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere.

 

Dejo el texto completo:

 

 “Ya no tengo paciencia para algunas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porque llegué a un punto de mi vida en que no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere.
No tengo paciencia para el cinismo, críticas en exceso y exigencias de cualquier naturaleza.
Perdí la voluntad de agradar a quien no agrado, de amar a quien no me ama y de sonreír para quien no quiere sonreírme.
Ya no dedico un minuto a quien miente o quiere manipular. Decidí no convivir más con la pretensión, hipocresía, deshonestidad y elogios baratos.
No consigo tolerar la erudición selectiva y la altivez académica. No me ajusto más con la barriada o el chusmerío.
No soporto conflictos y comparaciones. Creo en un mundo de opuestos y por eso evito personas de carácter rígido e inflexible.
En la amistad me desagrada la falta de lealtad y la traición.
No me llevo nada bien con quien no sabe elogiar o incentivar.
Las exageraciones me aburren y tengo dificultad en aceptar a quien no gusta de los animales.
Y encima de todo ya no tengo paciencia ninguna para quien no merece mi paciencia

-Meryl Streep-