Las personas deben amarse cuando están a tu lado, no cuando ya es demasiado tarde.

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No hay un sólo día de mi vida en que no recuerde que perdí a una persona muy especial. Y no sé qué duele más, si el arrepentimiento por no haberle valorado cuando tuve la oportunidad y reconocer que era alguien importante o el asumir que cometí muchos errores, pero que ni el perdón ni mis lágrimas le traerán jamás de regreso.

Parecía que el mundo conspiraba a favor de ese amor. A su lado me sentía tan bien, y tanto que lo demás me daba igual. Experimenté sensaciones que nunca antes había sentido, me sentía más viva que nunca. Bastaba una mirada, una palabra o un tierno beso para sentirme protegida y muy amada. Con una sonrisa lograba animarme, con un “te amo, estoy aquí contigo” me apoyaba y me ayudaba a levantarme. No perdía oportunidad para demosrarme el gran amor que sentía por mí.

Está por demás decir que hoy sé muy bien que el amor es un sentimiento que no se planea, sino que nace de forma natural. Que lo que sentí por esa persona (y siento todavía) no se dio por arte de magia sólo porque se fue. Eso de que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, es una total mentira, claro que lo sabemos! Es imposible no darse cuenta de lo valiosa que es una persona y que realmente le amas.

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El problema es que no lo queremos ver porque nos dejamos llevar por las dudas, por el miedo, por el orgullo, la soberbia o hasta por las simples ganas de hacerla siempre difícil. Dudamos si es la persona adecuada, lo comparamos con un ex, perdemos el tiempo buscándole defectos en vez de esforzarnos por resaltar las virtudes. Contamos más los malos momentos que aquellos felices que pasamos junto a ella, no apreciamos el cariño que nos da por estar reclamándole el tiempo perdido, la atención que dejó de dar en un momento del día, nos da miedo entregarnos y ser defraudados.

Hubiera pagado lo que fuera necesario por algún remedio mágico que me desvaneciera ese tipo de pensamientos y actitudes que tuve. Pero sin excusas, acepto que no di lo que tenía que dar. Y lo sabía. Y él lo sabía. Y nos antoengañamos. Y ahora todo ese sufrimiento que intenté evitar de forma inconsciente al no entregarme completamente a ese amor, me ha caído encima como una losa. Lo único que pude demostrarle es que fui una persona tremendamente insegura y con un miedo terrible que lo único que gritaba, es que estar conmigo no era nada fiable. Vaya, inconscientemente le brinde una invitación a entender y aceptar que alejarse, era el mejor camino para encontrar su felicidad.

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Y así sucedió, se fue y dejo de remar a mi lado. No hubo nada que pudiera hacer, cada quien es libre de elegir su camino y con quien caminarlo. Y esta realidad que viví en soledad me hizo darme cuenta de tantos detalles impregnados de amor y sentimientos bonitos, que marcaron tantos momentos a los cuales no les di importancia del esfuerzo y el cariño con que me fueron entregados. Es verdad que el tiempo es un buen amigo para curar las heridas, pero cuando sientes esa intranquilidad e impotencia de no haber entregado lo mejor de ti, de no amar y respetar lo suficiente a quien lo valía, ni el puede hacer mucho.

Hoy de ese amor sólo me queda un gran vacío y los recuerdos, y algunos me duelen hasta el corazón, pero también están los que me hacen sonreír al recordar todo lo que viví. Es una pena haber dejado que se marchara y ver como aparecerá alguien en su vida que le de el valor que realmente tiene y yo no supe darle. De nada vale decir y gritar a los cuatro vientos que se ama, si la actitud no lo demuestra, si no intentas hacerle feliz, si no demuestras el cariño que dices tener.

No todos tienen la posibilidad de que alguien llegue a su vida para brindarles su amor sin esperar nada y busquen siempre una excusa para hacer de esa vida algo feliz, pero si te sucede, aprovecha esa oportunidad y corresponde ese amor cuando está presente. Nunca des nada por hecho…

Porque hasta la persona que más te ame y pienses que siempre estará allí, esperando por ti, se cansa de que no valores el amor que te da, se cansa y se va, pero eres tú quien elige perderlo…Y no hay vuelta atrás porque ya es demasiado tarde.

 

Autor: Karla Galleta