Nunca sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es tu única opción

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 Querida vida:

Hay ocasiones en las que me has tratado tan mal, que me llegó a preguntar: ¿acaso algo puede ser peor que esto? Pero se trata de una pregunta solamente, no de un desafío para que me pongas más dificultades en el camino. Debes aceptar que me has pegado duro y sin compasión.

Sin embargo, los obstáculos que me has puesto han sido un excelente maestro que me ha enseñado a ser fuerte y a mirar a la cara a las adversidades. Cada que me has hecho topar con una dificultad, me has obligado a sacar las casta y a decir “yo puedo con esto, no me vencerá”.

He ido aprendiendo que cuando parece que todo está en tu contra, es el momento ideal para aprender. Es mejor ver a las adversidades como oportunidades de crecimiento, y, sobre todo, es muy importante saber que uno cuenta con un amor que es el más fiel y más sincero: el amor propio.

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Cuando te amas a ti misma no hay cosa que no puedas lograr. Cualquier cosa que se te ponga por delante, la superarás, porque nunca sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es tu única opción.

La historia de las dos ranas o el valor de la persistencia

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Había dos ranas que un día cayeron por accidente a un recipiente con crema. Poco a poco sentían que se iban hundiendo. Pataleaban y pataleaban, pero por más que lo hacían casi no avanzaban. Una de las ranas, harta de patalear, le dijo a la otra: “es en vano, aquí moriré y no hay nada que pueda hacer. ¿Para qué seguir pataleando si se trata de un esfuerzo inútil? No moriré agotada, ya no resisto más”, y dicho esto dejó de moverse y se hundió. La otra rana, en cambio, se dijo a sí misma: “Cielos, la verdad es que es difícil moverse entre esta crema, pero no me daré por vencida, lucharé por sobrevivir hasta que no me queden más fuerzas, gastaré hasta mi último aliento en superar esta situación”. Y la rana siguió pataleando y pataleando, hasta que, para su sorpresa, de tanto agitar la crema se convirtió en manteca, entonces la rana pudo moverse hasta llegar al borde del recipiente, de manera que pudo salir. Contenta por hacer superado su dificultad, se fue a su casa.

La moraleja es que nunca debemos darnos por vencidos, no importa lo complicada que parezca la situación que nos atormenta. La persistencia siempre nos ayuda a salir adelante.

No te rindas aunque el frío queme

No te rindas, aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo, aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,

liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños, destrabar el tiempo,

correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor, no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,

aunque el sol se esconda y se calle el viento. Aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque lo has querido y porque te quiero, porque existe el vino y el amor, es cierto.

Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas, quitar los cerrojos, abandonar las murallas que te protegieron, vivir la vida y aceptar el reto.

Recuperar la risa, ensayar un canto, bajar la guardia y extender las manos,

desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida y retomar los cielos.

(…)

Porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento,

porque no estás solo, porque yo te quiero.

– Mario Benedetti

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Recuerda nunca rendirte. Ningún mal dura cien años, se persistente y no abandones tu empeño. No dejes que te gane la depresión, tú eres el dueño de tus días.

Mira a la vida con una sonrisa, sin temor, sin miedo. Cuando tengas que llorar, llora, desahógate, pero nunca te dejes vencer. No importa si tu carga es muy pesada, eres fuerte, más fuerte de lo que te imaginas.