Creí que ella era mi juego y terminó jugando mejor que yo

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Ella era una mujer de ensueño, no por su figura o su rostro, aunque verdaderamente era muy atractiva.  Era de ensueño por su inteligencia, por sus aires de grandeza (aunque en verdad grande si era) pues todo lo que se proponía lo conseguía. Era una mujer fuerte, valiente y toda una guerrera. Una mujer noble pero fría. Ella era de las que sabían lo que querían. Era soberbia, orgullosa y un tanto altanera. Para entrar a su mundo se necesitaba un pase de cortesía, el cual casi nadie lo obtenía.

Yo era el típico rompe corazones, el ¨amigo¨ de todas y novio de ninguna. La palabra compromiso no existía en mi vocabulario. Me divertía el enamorarlas y traerlas solamente un rato. Cuando comenzaban a ponerse fastidiosas con esas cosas del amor salía huyendo. Nunca me había enamorado y hasta entonces creía que jamás me pasaría, no a mí, al caos total que yo era, el caso perdido que no tenía más remedio.

Por muchas razones sabía que ella no caería en mi juego. No era presa fácil. Además era demasiado inteligente como para caer en mis redes. Pero a pesar de ello me atraía lo suficiente aunque ella ni volteara a verme. Era tan egocéntrica que creía que el mundo giraba en torno a ella. A veces me resultaba bastante odiosa y prepotente, pero era casi imposible sacármela de la mente. La idea de conquistarla y herirla me parecía sumamente atractivo. Ella sería el mejor trofeo que nunca hubiese obtenido.

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Llevé adelante aquel plan perverso. No fue una, ni dos, ni tres veces las ocasiones en que me rechazó y con ello mi sed de herirla más aumentó. Quería acabar con su mundo perfecto, perforar su burbuja y dejar su ánimo por los suelos, quería que su grandeza cayera rendida a mis pies, verla tan enamorada de mí y después huir, así que no me rendí y cada día insistí por lograrla obtener.

Investigué todo lo que le gustaba. Los lugares que frecuentaba y las superficiales amistades con las que trataba.

Me volví su sombra, el lobo feroz que tarde o temprano terminaría devorándola

Fueron muchos los intentos fallidos. Lo cual despertaba más mi interés por ella. Quise una y otra vez renunciar al plan, pero honestamente ya no podía sacármela de la cabeza. Y el día que menos pensé me dedicó una sonrisa. Algo extraño sentí y me acerqué a ella a toda prisa. Sabía perfectamente que me estaba dando por vencido y entonces comenzó el juego del que pensé saldría invicto.

Para lograr mi propósito me sumergí de lleno en su mundo. Llegué a ser sumamente detestable. A fingir interés en donde lo único que había eran ganas de lastimarle. No fue una tarea fácil, pues ella era una chica única y especial. Cualquiera moría de amor por ella, cualquiera excepto yo. Mi única intención era entrar en su corazón, llevármela a la cama y romper toda su ilusión.

Comenzamos  a pasar muchas horas juntos. A hacer cosas que ni por la mente me hubiesen pasado tiempo atrás. Ella siempre tenía un plan. Era sumamente dedicada al estudio y yo todo un holgazán. Era culta  y sumamente interesante. Creo que eso más me hacía detestarle.

Los días pasaban y yo no parecía obtener nada.  Ella no era de las chicas que llamaban, que buscaban y que acosaban. Ni siquiera sé si me pensaba, me soñaba o me extrañaba. Era sumamente fría, tanto como lo era yo. Su independencia a mí me desquiciaba completamente, pues su felicidad no dependía de alguien más, solo de ella misma y eso no era algo fácil con lo que podía lidiar.

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Debo reconocer que era muy divertida. Tanto que lograba sacarme al día mil sonrisas. No aquellas superficiales para disimular lo jodida y vacía que estaba mi vida, sino de aquellas que salen del alma cargadas de felicidad. Poco a poco logré conquistarle. Podía notar un brillo especial en sus ojos al verme, puedo recordarla en este preciso momento como lucía tan hermosa, como el acercarme lograba acelerar su corazón y el tocarla con un roce entrecortaba su respiración.

Finalmente logré verla como quería… perdidamente enamorada de mí

Era una sensación tan extraña el besarla. Me hacía sentir tan vulnerable cuando me acariciaba. Su voz lograba arrullarme, inclusive puedo decir que ahora disfrutaba el hacer con ella todas aquellas tontas actividades. Me preocupaba todo ese tiempo que pasaba con ella, ya no salía con más chicas que no fuese ella. Se habían acabado las salidas con amigos. Aquel plan de destruirla debía apresurarse o terminaría por acabar conmigo. Ya no me reconocía, parecía otro completamente. Ahora era más educado y sobre todo más consiente. ¡No podía perder el piso! Mi propósito tenía que lograr para poderme recuperar.

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Asustado por aquella situación apresuré mi plan. Aquella noche hice lo que nunca había hecho por más nadie. Aunque yo dijera que todo era parte de mi plan, lo cierto es que algo dentro de mí quería que lo que fuese a ocurrir para los dos se volviera inolvidable. Preparé todo para nuestra primera vez juntos. Me daban celos pero no importaba tanto no ser el primero, tontamente llegué a pensar que quería ser el último. Lucía tan perfecta con aquel vestido de seda. El mejor accesorio era su sonrisa coqueta. Nos entregamos aquella noche con profunda pasión y sin querer descubrí  que por primera vez yo había hecho el amor.

Todos mis malditos esfuerzos habían sido en vano. Al final de cuentas era ella quien me tenía en sus manos. El lobo feroz se había enamorado de la oveja. Ahora mi intención era el cuidarla y quererla. Se había entregado de una forma única que logró tocar mi alma. Su sonrisa había logrado poner todo mi mundo en paz y calma. Era una chica completamente diferente a las demás, de esas que te marcan dejando huella y que nada ni nadie las puede remplazar, mucho menos igualar.

Y esa noche me convencí, dejé de tener miedo y comencé a vivir

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Hice cuanto pude por estar a su altura, porque caminara de la mano de un hombre que le enorgulleciera. Cambié mis malos hábitos, toda aquella basura que rondaba en mi cabeza. Todo aquel desastre que yo era ella reconstruyó. Hizo de mí un hombre diferente, un hombre sensible, romántico, un hombre que capaz de amar y yo, yo la amaba. Alguien mejor que ni yo imaginé que podía llegar a ser. Calmó mis demonios y ahuyentó mis miedos, llegó a hacerme sentir el hombre más feliz y afortunado de todo el universo.

Y un día sin poder con aquellos remordimientos de conciencia le confesé toda la verdad. De cuál había sido mi estúpido y cruel plan. De aquellos sentimientos repulsivo que tenía hacia su persona y de aquel instante en que sin buscarlo me había enamorado irrevocablemente de ella. A ella no pareció importarle mi cambio de sentir. Me miró como nunca lo había hecho, con un desprecio que no pensé que por mi llegaría a sentir. Pedí perdón por cada uno de mis actos. Por aquel juego en que la quería lastimar tanto. Le lloré como nunca jamás a nadie le había llorado. Supliqué una oportunidad y sin querer escuchar más  se marchó.

Ella no me lo perdonó. Ni siquiera el amor tan grande que sentía por mi le permitió que lo hiciera. Siempre lo supe… ella era diferente. Ella se amaba, se valoraba y se respetaba. Ella sabía lo que en verdad valía. Ella era sumamente fuerte. ¿Por qué darme una segunda oportunidad a mí cuando había otros esperando la primera?

Me dio una lección de vida sumamente grande. Después de ella no volví a enamorarme. Sigo pensándole, extrañándole y amándole. Recordando aquella entrega. Deseando el volver a verla. Creí que después de un tiempo ella volvería. Jamás lo hizo. Jamás volví a saber que fue de ella. Y a pesar de todo fue lo mejor que pude haber vivido, una mujer así que endereza tu camino es un recuerdo que se queda contigo. Y aquí estoy… recordándole, escribiéndole una vez más aunque probablemente ella ni siquiera me leerá.

 Y de repente te das cuenta que todo ha terminado. Ya no hay vuelta atrás, lo sientes, y justo entonces intentas recordar en qué momento comenzó todo y descubres que todo empezó antes de lo que pensabas… mucho antes… y es ahí, justo en ese momento cuando te das cuenta de que las cosas solo ocurren una vez, y por mucho que te esfuerces ya nunca volverás a sentir lo mismo, ya nunca tendrás la sensación de estar a tres metros sobre el cielo -3msc

Autor: Stepha Salcas