Sapos disfrazados de principe.

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Bien me lo decía mi madre, ” Mijita, fíjate muy bien de quien te enamoras”

Pero no, la verdad es que por falta de experiencia, necedad o ganas de amar, rara vez escuchamos los consejos sensatos de quienes más nos quieren.

Y ahí vamos, a entregarle el corazón (en el mejor de los casos, solo eso) a ese que se presenta con cara de no rompo un plato, ese que jura ser fiel y cuidar cabalmente de nuestro amor… Sí, lo sé, suena bonito, pero habrá que admitir que más de una ha caído en este engaño, en el poder de seducción de un “hombre encanto” que resulta ser un fino cazador.

sapo beso

Pero como decirle que no a esa sonrisa perfecta, a esa boca de fresa, como decirle que no si me debilita la manera en la que se expresa, sus brazos, su cuerpo, sus piernas perfectas…

Lo peor de todo, es que ni   siquiera es un requisito que sean guapos, pues tal parece que es un don que les viene de nacimiento, que les da personalidad sin necesidad de ser perfectos. Y para colmo, caemos igual.

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Y de repente… un golpe de realidad, resulta que el príncipe de cuento, resulto ser todo un patán, con una sonrisa bien estudiada que él sabe perfectamente cuando utilizar, que palabras decir, de qué manera actuar para cautivar. Logra su cometido; te enamora, se divierte y después se va.

Y ahí vamos de nuevo a llorar, a deprimirnos ,a comer para olvidar… pero déjame que te diga, que todo esto pasa con la edad, con los años aprenderás a identificar las características de un hombre como tal, así con todo y su porte de príncipe, podrás notar que hay rasgos que por más que lo intente, no se pueden ocultar… (Eso de la baba, sin duda será una señal)

sapo

Créeme con los años ya no es tan fácil que te puedan engañar, con los años, dejas de buscar príncipes, porque entiendes que en estos tiempos, ya no basta con ser una princesa, en tiempos como estos, es necesario trabajar duro por nuestros sueños, por lo que realmente nos interesa; entendemos que el amor no se busca, porque el amor verdadero, en realidad te encuentra…

Y no, no es un príncipe, ni un sapo, es un hombre común que convierte tu mundo cotidiano, en uno fantástico.