Discúlpame… Nada fue suficiente

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Te escribo para ofrecerte disculpas, en realidad creo que lo mereces y es lo menos que puedo hacer por ti, después de tanto. De corazón discúlpame.

Discúlpame por ser tan obstinada, por aferrarme a la idea de un nosotros, por hacer un intento sobrehumano por los dos. Discúlpame por mantener esperanzas aun por encima de todo el peso de realidad que me mostrabas. Nunca llegamos al momento donde atravesaríamos esa delgada línea entre lo casual y lo formal; perdón por no lograr llevar el título de “novios”.

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Lo siento, olvidé las reglas del juego, olvidé que el amor debe ser reciproco y que una relación se rige en un ganar-ganar. Me descubrí dándome más, de lo que tú te dabas.

Te tengo que pedir perdón por entregarme y amarte con todo lo que tenía, por hacer tus días felices, por comprenderte; discúlpame por estar a tu lado siempre que me necesitaste. Fue una decisión tan inteligente de mi parte, hacerte la persona más importante en mi vida, incluso sobre mí.

Siento tanto no haber podido cumplir la promesa de un “por siempre juntos”,  y de un “en las buenas y en las malas, hasta que la muerte nos separe”… ¡No pude! Discúlpame… ¡Fui tan incapaz!

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Perdón porque pospuse durante mucho tiempo esa conversación, que aclararía lo nuestro, perdón porque mi garganta no tuvo fuerza de expresar a tiempo mis sentimientos, porque tuvo miedo; ella sabía que mis oídos escucharían palabras que no quería oír, y aunque muy en mi interior ya había admitido mi derrota, preferí engañarme.

Discúlpame porque cada día que compartí contigo estuvo salpicado de esperanza, de anhelos e ilusiones vanas; en esa relación sólo yo deposité confianza y expectativas. ¡Por favor, disculpa mi osadía!

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Cada apoyo, cada palabra, cada palmada, cada vez que te sostuve cuando caíste, cada triunfo y lucha en que hicimos equipo, ¡Olvídalo! no tuvo importancia, lo hice sin pretensión de reconocimiento o retribución alguna.

Los te amo pronunciados, échalos a la basura, no los recicles, ni siquiera los recuerdes. No me los pediste, yo te los di a propia voluntad; tuvieron un fuerte significado para mí, no así para ti; no tiene caso que los conserves, no te sientas comprometido.

Discúlpame también por ser fuerte, consistente y tener las agallas de luchar hasta el final, de encontrar cada día un pretexto para seguir; para continuar pensando que yo sola, podía con el barco, que yo sola, podía seguir dando vida a los sentimientos, a los sentimientos de ambos, a sabiendas de que era una vida artificial.

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Perdón, me distraje y no supe en qué punto nos perdimos, ¡en qué punto me perdí yo! y perdí no sólo tus piezas del rompecabezas, sino que me di cuenta también, de que yo jamás tuve las mías, por preocuparme de encajar las tuyas.

No te preocupes ya por nada… En este punto, yo me haré cargo de mis propios pasos, de guiarlos por un camino, que será truncado y espinoso; pero no tengo miedo, de verdad no te preocupes, suficiente has hecho ya por los dos. Siempre hay una luz al final del camino, sabré encontrarla. Discúlpame… ¡soy fuerte!, no lo olvides.

Intenté todo por los dos, siempre. Intentar salir por mí propio pie de esto, ya no requerirá un mayor esfuerzo. Discúlpame… discúlpame porque nada fue suficiente.

 

Por: Laura Calderón

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