Por eso y más… Eres mi mejor amiga.

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Extraña criaturita que Dios creó, para acompañarnos mutuamente. Extraña porque yo también lo soy y de alguna manea nos complementamos, estamos locas, podemos pelear, gritarnos, querer golpearnos, pero siempre estamos para la otra. Regañándonos cuando es necesario, apoyándonos y acompañándonos en los peores momentos.

Sé que eres mi mejor amiga por tantas razones, intentaré enumerarlas:

1. Ya perdí la cuenta de cuánto dinero nos debemos la una a la otra.
2. Nos caen mal las mismas personas.
3. Hemos estado en los peores momentos juntas.
4. No hace falta que hablemos, con una mirada entendemos perfectamente lo que la otra está pensando.
5. No nos juzgamos.
6. Por todos lo mementos de locura que he pasado contigo.
7. Puedo estar en tu casa y sentirme en la mía.
8. Los tropiezos de una, son los de la otra.
9. Los triunfos de una, también son los de la otra.
10. Estamos enamoradas platónicamente del mismo.

11. ¿Vergüenza? ¿Qué es eso?.
12. Sabemos todo sobre la otra.
13. Nos hacemos bullying mutuamente.
14. Somos totalmente honestas con la otra, sin importar lo cruel que podamos ser.
15. Odiamos al chico que le rompió el corazón a una de nosotras.
16. Son tantos los secretos que compartimos.

17. Sé que puedo confiar en ti, sin importar la circunstancia.
18. Nadie me conoce como tú.
19. Nadie me ha visto tan vulnerable como tú.
20. No importa lo difícil que sea la situación, siempre estás ahí para mí: cuidándome, apoyándome, dejándome hacer locuras, dejándome llorar, gritar, golpear; siempre escuchándome, aguantándome y consolándome.

Más que mi mejor amiga, te considero mi hermana, porque a pesar de la distancia, sé que siempre puedo contar contigo. Gracias por estar conmigo en ese momento en el que más vulnerable estuve, por guardarme ese secreto cuando fue necesario, por regañarme cuando lo necesité, por impulsarme a ser mejor, por preocuparte por mi bienestar, por hacer las cosas que yo no me atrevo a hacer, por ayudarme a ver las cosas cuando me niego a hacerlo, por aguantarme días enteros, por todas las locuras compartidas, por todos los consejos, por las horas de pláticas interminables.