Nunca sabrás cuánto te quise en realidad

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Te quise y es lo que cuenta, independiente del lugar en el que te encuentres ahora.

Lo nuestro fue de esas cosas que podrían haber sido pero que luego se transformaron en una de esas misteriosas nebulosas que flotan sin propósito ni tiempo. De alguna forma logré identificar un principio, un día en el que sentí que todo había cambiado, que la forma en la que me mirabas era diferente y que tus palabras tenían un significado distinto, sin embargo, hasta el día de hoy no he logrado definir un final para eso que nunca fue.

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En el comienzo nunca pensé que podría pasar algo entre nosotros. Tú eras tú, con tus sueños (o tu falta de ellos), con tus palabras, con tu estilo de vida y con tus ideas que poco tenían que ver con las mías. Eso no impidió que fuéramos muy buenos amigos por un largo tiempo y que de vez en cuando sintiera que nadie más me entendía como tú.

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La gente nos miraba sospechosos, con ojos que parecían querer decir que dejásemos de esconder lo obvio mientras que yo me repetía que aquí no había nada. Un día me tomaste por el brazo y dijiste algo que no escuché, estaba perdida en como tus ojos me miraban como si no hubiese nadie más en el mundo. No dijiste nada y yo tampoco. Al principio preferí callar porque sentía que imaginaba cosas, porque no quería ser esa persona que parece confundir los sentimientos con tanta facilidad, porque me negaba a exponer mi vulnerabilidad de esa forma.

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Pasó un mes, pasaron tres y las cosas empeoraron. No podía dormir durante las noches y esperaba con ansias verte pasar. Esperaba tu saludo por las mañanas, la taza de té que traerías entre las manos, los pequeños gestos y regalos que de vez en cuando dejarías para mi, la forma en la que me conocías hasta en lo más pequeño y como te movías con total confianza haciendo círculos a mi alrededor.

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Las cosas comenzaron a irse a negro y por un tiempo preferí creer que tú no querías verlo. No podía negarlo más, te amaba y parecía que la cercanía que teníamos era lo mismo que nos había alejado de esta forma tan brutal. Quise escapar, quise alejarme pero seguía despertando confundida todas las mañanas preguntándome que era lo que me tenía así y pronto, entre la maraña de sábanas, recordaba tu rostro.

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Un día llegaste muy feliz y me dijiste que querías hablar conmigo. Que algo increíble había pasado y que tenía que ser la primera en saberlo. Mi corazón latía con fuerza y la esperanza se esparcía por mi venas a una rapidez increíble. Por un segundo pensé que finalmente lo habías entendido, que no tendría que pasar toda mi vida en este tormento de despertares confundidos y amores no correspondidos. Peroclaramente no era lo que yo esperaba, simplemente era más de esa misteriosa vida tuya de la que no sabía mucho.

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Tenías una novia ahora, una chica con la que habías estado saliendo al mismo tiempo que me mirabas como si fuese una estrella fugaz. Por un momento no supe como respirar, luego pinté una sonrisa en mi rostro y te deseé lo mejor. Dije lo feliz que me sentía por ti, lo increíble que todo parecía, la suerte que tenías. Lo demás lo callé. No quiero decir que fue tu culpa porque la verdad no sé si puedo culpar a alguien por un sentimiento como este.

En los meses siguientes busqué formas de canalizar este amor que sentía, necesitaba sacarlo de mí y depurar mi sistema. Me alejé, pero nunca lo notaste. Dejé de despertar confundida en las mañanas, me rehusé a seguir aceptando cualquiera de tus regalos, evitaba tu mirada y tus palabras. Poco a poco dejé de recordarte con tanta vividez. Encontré un lugar mejor donde pasar mis días y mi tiempo y me fui sin mucho aviso. Tú dijiste que me extrañarías, yo sólo respondí que estaría mucho mejor que aquí.

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Creo que nunca lo entendiste y es por eso que quiero decirlo ahora: yo te quise. Te quise de la forma en la que se quiere algo incierto, en la que se desea algo casi imposible de alcanzar y en la que se persigue una meta que nunca parece volverse más cercana. Pero te quise, y es lo que importa, que aunque tú fueras tan incierto como las olas de mi mar interior fui capaz de sentir y sobrevivir un amor que muchas veces se sentía como una avalancha.

Espero que donde quieras que estés hoy seas feliz y que si alguna vez te acuerdas de mí, me recuerdes como el mar, a veces aquí y a veces allá.